Memoria Paralela. Don Eduardo Frei Montalva y mi padre.

Eduardo Frei Montalva: un hombre consecuente

Publicado por  el 21 de enero de 2011 a las 18:16 hrs. | Opina!

 

Mi padre  a los 20 años eligió ser, con un grupo de jóvenes de su generación,  lo que podríamos llamar, como el cuadro de José Venturelli, “los caminantes de la aurora”. Desde muy jóvenes se pusieron en marcha, para servir a Chile a través de la política, como medio legítimo para alcanzar con la sociedad y desde ella, una vida plena para todos. Nunca claudicó ante las presiones, los intereses y las injusticias de los poderosos, ni se doblegó ante sus amenazas e injurias. Luchó con firmeza y claridad  sin apartarse jamás de sus principios.

Las palabras de Cardenal Raúl Silva Henríquez en la Catedral el día de su despedida, ratifica lo antes señalado:  “La Iglesia de Chile -nos dice el Cardenal- pidió a un grupo de jóvenes, que dejadas las viejas teorías liberales, hicieran suya y lucharan por aplicar la Doctrina Social de la Iglesia en nuestra Patria.  Comenzó así la ardua, dolorosa y larga lucha  que muchos de nosotros hemos vivido: lucha llena de incomprensiones y a veces cargada de odios”.

Promovió mi  padre, entre otras iniciativas, políticas novedosas especialmente para los jóvenes y  las mujeres. Fue el abanderado de la Patria Joven y de la Revolución en Libertad, que unió el progreso con la equidad y la democracia con la participación. Su tarea prioritaria  fue  reconocerle, primero que nada, la dignidad a los pobres y a los más desamparados. Fue el impulsor de una verdadera Reforma Educacional  con sentido igualitario y de futuro. Impulsó la organización social a través  de la Promoción Popular y las Juntas de Vecinos. Luchó para ampliar la sindicalización de los trabajadores del campo y de la ciudad que fue la entrada del pueblo organizado por la puerta ancha de la democracia.

El sabía que el gran instrumento de los trabajadores, de los vecinos, de las mujeres, de los campesinos, de los artesanos, de los jóvenes: era su organización, para que su voz y su poder fueran escuchados y cambiaran, con el apoyo del Estado,  las condiciones de injusticia, pobreza y desamparo.

Comenzó la Reforma Agraria, la construcción del Metro,  la chilenización del cobre, la regionalización,  la Televisión Nacional, entre tantos otros proyectos.  Por eso en Chile y en el mundo lo reconocieron como un auténtico  estadista de los nuevos tiempos.

Fue un humanista cristiano de Pensamiento y Acción en su vida cotidiana y en las grandes tareas nacionales e internacionales.  Vivió con un sólo compromiso y vocación: la del servicio público el que  nunca mezcló con los negocios. No se enriqueció, fue sólo un profesional y nunca se dedicó a hacer dinero en empresasDesligó radicalmente la política de los intereses empresariales. Vivió con la modestia de una familia sencilla que lo acompañó día a día en su quehacer cotidiano. Mi madre fue, no solo su apoyo y compañía permanente, sino también su más cercana consejera.

Hoy, su inmenso legado, tan vigente, nos anima a profundizar nuestros valores, a trabajar con optimismo y comprometernos con los desafíos del Chile actual. Nos invita a seguir nuestros sueños e ideales buscando  nuevas formas de vinculación con una  sociedad organizada para que sea ella la que asuma un rol activo frente al futuro. Nos animaría a imaginar y crear una  nueva economía al servicio del ser humano y no de la codicia y del lucro que ha generado un capitalismo extraordinariamente concentrado.  Nos demandaría una acción política siempre cercana a las familias y las personas en su quehacer cotidiano.

Nadie mejor que el Cardenal Silva retrató la personalidad de  mi padre. Nos dijo el Cardenal:   “Eduardo Frei fue un humanista, incansable lector, estudioso de todos los problemas. Señaló caminos luminosos que son su testamento político. Chile no echará al olvido el ejemplo y la palabra de este su preclaro hijo”.

La presencia de todos ustedes aquí esta tarde, es el testimonio vivo de que somos muchos los que buscamos justicia, a veces con sufrimiento e incomprensión,  sobre todo ante tantos horrores del pasado reciente. Las asociaciones de Detenidos Desparecido han luchado incansablemente por lograr justicia, y tenemos una deuda con ellos.  El homicidio de mi padre, que denunciara en el Senado el año 2000, muchos creyeron que era un despropósito mío. Dejemos a los muertos en paz, me aconsejaron. Ahora se suman muchos incrédulos que antes me criticaron. Los Tribunales han hecho su trabajo, sólo falta determinar a él o a los autores.

Las promesas gubernamentales hechas en la última campaña electoral de ayudar esclarecer el caso por parte de los Tribunales, hace casi  un año,  no se han concretado en nada.  No se ha logrado por ejemplo  que los servicios de inteligencia, como la DINE, cooperen con el juez. Más aún, se ha prácticamente  desbaratado el grupo que se encargaba en la PDI del tema de Derechos Humanos.  Pero el Presidente seguramente va a hacer otra promesa que como en tantas otras materias se las lleva el viento y que se presentará como el gran anuncio gubernamental. No soy ingenua. Cuando ordene que la información que guarda la DINE se entregue al Juez, empezará a ser verdad su reiterada promesa. Cuando los archivos del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE)  se abran y se entreguen, comenzará a hacerse justicia.

Hemos denunciado que en Chile todavía existe en muchos, indiferencia y silencio culpable, que impiden el respeto pleno  a los Derecho Humanos y esconden la verdad.  No solo la esconden  frente a lo sucedido durante la Dictadura,  sino que también a las injusticias de hoy que en muchas empresas afectan a los trabajadores, entre otras cosas, sin remuneraciones justas, sin una calidad de vida digna con las mismas oportunidades para todos.   Los Derechos Humanos son el respeto  a pensar distinto sin ser perseguidos o expulsados de sus trabajos y despedidos con la consecuencia de caer a la cesantía. La gran mayoría  de los que sufren la persecución gubernamental son funcionarios de calidad de la Concertación y muy especialmente de la DC. Así se vulneran hoy los derechos de las personas.  Los derechos humanos requieren que todos tengan, seguridad en su trabajo,  medios para poder expresarse y participar.

Sé que mi padre frente al Chile actual, nos haría a cada uno de nosotros, un llamado desde lo más profundo de su alma, al confiarnos sus ideales y banderas. Nos diría, depende solo de tí ser constructor de esperanza.   Tu puedes luchar para superar estos momentos difíciles  si vuelves  con cariño y compromiso a acercarte a este gran pueblo que es Chile. En el teatro Caupolicán le enrostró al Dictador que “La Democracia no es el caos. La esperanza de Chile, afirmó, es el Pueblo de Chile”. El futuro, nos diría, está en tus manos, si ayudas a que  cada mujer, joven y hombre de nuestra Patria  enfrenten juntos y organizados  los desafíos del individualismo y del egoísmo, tanto en la vida personal como social.

Sí, tú tienes la posibilidad de construir  un país donde cada ser humano pueda vivir con alegría, dignidad, esperanza, solidaridad y sobre todo justicia.

Carmen Frei Ruiz-Tagle

Ex Senadora de la República. Resumen de su discurso con ocasión del Centenario del Nacimiento de su padre.

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