Leandra Guzmán Brunet Dice:
13 de octubre de 2011 a 16:09
Querida: Siempre he pensado que todo hijo o familiar de detenido desaparecido o ejecutado, lo admita o no, debe entregar sus vivencias, más aún si son parte de un pueblo y han salido del ático del alma, del océano del tiempo, que tarde o temprano nos devuelve los recuerdos que enterramos en él. Es la memoria de aquellos crueles días. En mi caso muchas tardes de mi infancia las pasé en medio de aquella oscuridad escribiendo, muerta de miedo, oyendo crujir en el cerro Dragón el nombre de mi padre, estaba segura que algún día un hombre monstruoso- quizás un pájaro enorme y negro- saldría de algún de aquellos cerros. Y el tiempo paso, lento hasta que un día la silueta de mi madre apareció en el umbral y entonces sin decir nada me conducía de nuevo hacia la vida normal. Pero lo más importante es que los compañeros, amigos, y familiares ponen a nuestras vidas la riqueza y le dado identidad a nuestro mundo. Te abraza desde Oslo tu hermana, amiga, compañera Leandra Brunet

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