Recuerdos de un alumno de arqueología perteneciente a la generación de 1971

Recuerdos de un alumno de arqueología
perteneciente a la generación de 1971

http://www.scha.cl/images/archivos/Boletin_SChA_43-44.pdf

Dedico estás páginas a la Dra. Grete Mostny, quién despertó en mi un profundo interés por conocer la historia de la humanidad y sus proyecciones.

Un día de marzo de 1971, Andrés Pinto y yo nos encontramos en los prados del Pedagógico y comentamos que se había formado recién el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología en la Universidad de Chile. Era el heredero del anterior Centro de Estudios Antropológicos, surgido al alero del Departamento de Historia. El nuevo departamento partía con la licenciatura en Arqueología en su plan antiguo. Con Andrés éramos compañeros de estudio en el departamento de Historia, cursando el segundo año la carrera de pedagogía y coincidimos en la decisión de querer cambiarnos a la licenciatura en Arqueología. El futuro laboral parecía muy lejano e incierto para un posible arqueólogo, pero nos dijimos que estábamos dispuestos a correr el riesgo, dado que sentíamos un fuerte llamado vocacional.
Pedimos el traslado a la carrera de Arqueología e iniciamos el primer año, creo que en el mes de abril. Nuestros compañeros tenían distintas edades y procedencia, algunos incluso ya habían terminado una carrera universitaria, pero pronto formamos un grupo bastante unido. Constituimos el primer curso oficial del Departamento. ¿Quiénes éramos?: Blanca Tagle, Raúl Cid, Carlos Aldunate, Rubén Stehberg, María Teresa Planella, Ximena Navarro, Antonia Benavente, Patricio Urquieta, Carlos Maturana, Susana Legradí, Ana María Barón, Rosa Peña, Rodolfo Weisner, Alejandro Durán,Javier* (no recuerdo su apellido y más tarde dejó la carrera), Andrés Pinto y yo. En algunos cursos fuimos también compañeros con Iván Solimano.

JDC Día DD DD 2011
Nuestros referentes eran los alumnos avanzados. Algunos de ellos ya estaban próximos a terminar la carrera porque habían iniciado a tomar cursos de Arqueología y Antropología unos años antes en el Centro de Estudios Antropológicos o en otras unidades del Departamento de Historia (Victoria
Castro, Carlos Thomas, Carlos Urrejola, Julia Monleón, Silvia Quevedo, Luis Rodríguez, José Berenguer, Consuelo Valdés, Fernanda Falabella, Ángela Jeria, Fernando Plaza, Adriana Goñi, Marcela Lama, Jaqueline Madrid, Josefina Muñoz, entre otros) Algunos de ellos ya eran ayudantes y los mirábamos con respeto. Con Pepe Berenguer, Ángela Jeria y Nano Plaza alcanzamos a ser compañeros en algunos cursos. Fernanda Falabella, que también había pasado un tiempo en el departamento de Historia y en el Centro de Estudios Antropológicos, después de una permanencia en el extranjero se incorporó a nuestro Departamento de Ciencias Antropológicas en 1972 y fuimos compañeros en un buen número de cursos.
En 1971, algunos de nosotros comenzamos a frecuentar la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural. Un día le manifesté a mi profesora, la doctora Grete Mostny, el interés que sentía por asistir a leer y a conocer las colecciones arqueológicas del Museo. La doctora Mostny me recomendó a don Julio Montané, quién me recibió muy cordialmente. Me presentó a Eliana Durán, con quien compartiríamos después varios años de grato trabajo conjunto, en torno al estudio de la cultura Aconcagua. Conocí también a Julie Palma, Patricio Núñez, Marcelo Garretón y Nieves Acevedo. De inmediato me dejó como pupilo de Julie que me guio con dedicación en los primeros pasos por las colecciones del Museo. Como primera actividad me llevó a ver la antigua sala de Prehistoria de Chile, en el segundo piso. La primera vitrina que conocí fue la de Cueva de Fell, con la secuencia cultural de 11.000 años, establecida por Junius Bird. Fue como una premonición, que años después me llevaría a seguir sus huellas en la Patagonia austral.
Durante los días sábado escuchábamos con atención en el Museo las amenas tertulias de Julio Montané, con Hans Niemeyer, Virgilio Schiappacasse y Felipe Bate, sobre los más variados temasantropológicos. Don Julio era el anfitrión y entre sus temas favoritos estaba el del rol social de la arqueología, pero además paseaba su sabiduría por muchos temas de arqueología americana, demostrando que era también un gran lector. Aprendimos mucho de esas tertulias.
Mientras tanto, el plan antiguo de Arqueología, en la Universidad, comenzó con cursos de duración anual, pero el Director del departamento, don Mario Orellana, nos informó a poco andar que se estaba estudiando la necesidad de impulsar un plan nuevo de estudio a partir de 1972, con una
licenciatura que contaría con un plan básico inicial y dos menciones, en Arqueología y en Antropología Social. Los cursos serían de modalidad semestral. Los alumnos del plan antiguo, “nosotros”, que todavía nos sentíamos unos pollos nuevos, podríamos adecuarnos al nuevo sistema.
Con el trascurso de los meses la situación política del país se iba polarizando progresivamente y en ese contexto el Instituto Pedagógico, centro pensante y crítico por naturaleza, vio aumentar la temperatura y los enfrentamientos verbales, entre distintas tendencias de opinión.
En ese ambiente, los estudiantes del departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas nos tomamos el departamento por varios días, solicitando una discusión abierta sobre el rol de la Antropología en Chile y la discusión de la futura orientación que debería tener el nuevo plan de estudio. Eso creo que ocurrió en la segunda mitad de 1971. El director, Mario Orellana, de personalidad fuerte, aceptó el desafío y en su calidad de director del Departamento convocó a una convención para discutir múltiples temas.
La convención duró una semana o un poco más, período en que sesionamos a puertas cerradas. Profesores y alumnos confrontamos ideas, con fuerza pero con total respeto y con un elevado sentido académico. Para nosotros fue una experiencia enriquecedora. Se discutió si la Arqueología debía ser considerada parte de la Antropología, o parte de la Historia, o una ciencia independiente. Cual debía ser el rol social de la Antropología en una sociedad que estaba viviendo un profundo cambio revolucionario. Se habló de la arqueología versus la arqueografía, de la relación entre las ciencias humanas y las ciencias naturales; de los nuevos planes de estudio y su orientación.
Bernardo Berdichewsky, Mario Orellana, Carlos Munizaga, Alberto Medina (mi querido profesor de tesis, años después), Juan Munizaga, Hans Niemeyer, George Serracino y otros profesores daban su opinión, discutían algunos puntos entre sí y respondían a las preguntas incisivas de nuestros dos representantes estudiantiles más locuaces: Roberto Flores, el presidente del Centro de Alumnos (que venía del departamento de Historia, donde seguía estudiando en forma paralela pedagogía) y Luis Rodríguez, el Che Rodríguez (el primer alumno titulado del departamento, más adelante). Ellos eran nuestros teóricos para hacer frente a los profesores. Los demás escuchábamos con bastante timidez pero con mucha atención esas largas y enriquecedoras
sesiones, donde aprendimos mucho. Pese al fragor de los discursos se podían confrontar ideas con alturas de mira, en un verdadero ejercicio democrático.
1971 fue también el año del VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, que se realizó en la Casa Central de la Universidad de Chile, Santiago. Fue un Congreso muy polémico, donde las banderas políticas de distintos colores se agitaron durante las ponencias y las discusiones. También se criticaron los respaldos teóricos y metodológicos de ciertos trabajos expuestos. Pero finalmente fue nuestra primera experiencia como alumnos oyentes, que asistíamos a la presentación de ponencias en un congreso de Arqueología. Allí conocimos además a destacados arqueólogos de países vecinos como Luis Guillermo Lumbreras, Juan Schobinger y Carlos Ponce Sanginés y al etnohistoriador John Murra. Recuerdo que tanto Lumbreras como Murra desplegaban un fuerte magnetismo al hablar, que cautivaba a la audiencia.
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Mencionaré dos pequeñas anécdotas para graficar el ambiente que se vivía ya al año siguiente, año 1972, habiéndose implementado el nuevo plan de estudios, con alumnos de arqueología y los que optarían por la especialidad de Antropología Social, ya incorporados.
Mario Orellana decidió dictar un seminario voluntario los días sábado en la mañana en el Departamento de Antropología, sobre el pensamiento de Teilhard de Chardin (El Departamento ocupaba en ese tiempo la casa que hoy corresponde al cuerpo de bomberos, situado frente al Pedagógico). A la misma hora, Felipe Bate impartía al frente, en el Pedagógico, un curso voluntario sobre Materialismo Histórico. Algunos compañeros iban al seminario de Teilhard de Chardin, otros asistíamos al curso de Materialismo Histórico. Evidentemente, el día lunes en clase de Teoría y Método las diferentes visiones teóricas generaban discrepancias.
Otra imagen. En el Departamento (que en algún momento pasó a llamarse Departamento de Antropología), se formó un núcleo de jóvenes socialistas, constituido por Roberto Flores, su dirigente, Adriana Goñi, Marcela Lama y yo. Éramos cuatro y hacíamos lo que podíamos para expresar nuestras ideas políticas. Sin embargo, en forma paralela se creó un pequeño
núcleo más rupturista, de características muy especiales. No recuerdo el nombre del núcleo. Pero estaba conformado por Juan Carlos Skewes, su polola y una amiga. Eran solo tres, pero su presencia en el departamento marcó época. Juan Carlos, era su líder. Muy pronto instalaron un diario mural que actualizaban casi todos los días con información novedosa; reflexiones e ideas críticas sobre distintos temas sociales y culturales, para hacer pensar. Su contenido siempre era muy llamativo, y todos nos acercábamos a leerlo. Pese a las diferencias políticas, que no eran tan abismales, nos hicimos muy amigos con Juan Carlos Skewes, una persona muy valiosa y creativa y terminamos compartiendo en el café Los Cisnes y posteriormente, cuando trabajamos en un proyecto sobre el impacto de la sequía en el Norte Chico, dirigido por don Juan Munizaga, invitamos a Juan Carlos y participó con nosotros en un terreno realizado en el sector de San Lorenzo al norte de Ovalle.

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Este era el ambiente que se vivía por esos años en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile. Del Departamento de Historia y Geografía, traíamos la práctica del “pastoreo”, la alegría de los prados del Pedagógico (que habían acogido a largas generaciones de destacados pensadores, investigadores y pedagogos). Traíamos los aires renovados como consecuencia de la Reforma Universitaria de los años precedentes, la “revolución de las flores” y sus consecuencias, los cambios en la música, el movimiento literario latinoamericano que lo situaban como un gran movimiento cultural para mostrar y soñar la América mestiza. Algunos también traíamos el sueño socialista para un Chile más igualitario, por lo que considerábamos eran necesarios cambios profundos.
Pero también traíamos la visión de los historiadores, la percepción de la Paideia que sintetizaba los ideales de los antiguos griegos, la rigurosidad en el análisis crítico de las fuentes documentales, de profesores como Genaro Godoy, Sergio Villalobos y otros. La geografía humana, la geografía física, la geomorfología, constituían nuestras fuentes para acercarnos al conocimiento del paisaje, con profesores como Pedro Cunill, Eusebio Flores, Rómulo Santana, Reinaldo Börgel y José Araya. Las reflexiones filosóficas de Humberto Giannini y de Armando Cassigoli también nos habían impregnado.
En el departamento de Antropología incorporamos la visión antropológica con don Carlos Munizaga y Juan Munizaga. Grete Mostny, Mario Orellana, Bernardo Berdichewsky, Alberto Medina, Hans Niemeyer y George Serracino, entre otros, nos enseñaron sobre prehistoria y arqueología. Osvaldo Silva nos mostró la perspectiva de la ecología cultural.
En síntesis, aprendimos de todos ellos que los contextos arqueológicos encierran complejos y variados códigos que permiten reconocer y reconstruir los procesos sociales en su dimensión histórica, antropológica y ambiental. Empezábamos a preguntarnos por tanto como conciliar de la mejor forma estas dimensiones, como parte de una comprensión integral, sin perder el foco de lo arqueológico.
Pero entre los años 1972 y 1973 nuestra sociedad terminó por polarizarse hasta el extremo más peligroso y esa polarización permeó también a la Universidad. Como sabemos, por la dura experiencia vivida a partir del 11 de septiembre de 1973, las cosas cambiaron para todos. Terminamos nuestra carrera y nuestra tesis durante los años de penumbra…y cuando despertamos nuevamente a la democracia, después de 17 años de dictadura, Chile ya era otro Chile, el Instituto Pedagógico había sido duramente golpeado y ya no pertenecía a la Universidad de Chile, y la arqueología de los tiempos más poéticos, la que nos habían enseñado varios de nuestros profesores, con su vocación templada por los años, estaba cambiando hacia una arqueología más pragmática, y más compleja, más acorde con el mundo actual.
Mauricio Massone
Concepción 14 de noviembre, 2013.

Mis Recuerdos de Esa Epoca Trenzados con los de Mauricio 

Adriana Goñi, Lic. Antropología/arqueología U de Ch.

Alguna vez escribí mi perfil en Linkedin, donde expuse mi historia desde que inicié la larga marcha en la profesión :

Anoté los siguiente:” Lic. en antropología/arqueología de la Universidad de Chile, donde ingresé en 1970, al Departamento de Historia (Pedagógico),mientras trabajaba como asistente ad honorem en la Sección Arqueología del MNHN,cuyo jefe,don Julio Montané Martí acogía a estudiantes,aficionados,científicos,académicos sin distinción alguna, haciéndonos partícipe de sus trabajos en terreno, las reflexiones,debates e intercambios de experiencias y saberes con una amistad cómplice que se perpetúa hasta el hoy.

La directora del MNHN de entonces, Dra Grete Mostny, me empuja a ingresar a la universidad y formalizar mis prácticas y experiencias.

Desde los turbulentos años setenta hasta los transicionales años noventa,fui alumna de la UCH.

Viajes,terrenos,escritos,aulas,colectivos,talleres,seminarios después me posicionan en el Siglo XXI en la antropología Virtual,donde habita el sujeto de mis investigaciones, así como
el universo social,cultural e histórico en el que estoy inmersa.

Más allá de fronteras,generaciones,ideologías y géneros, en un proyecto sin fin de nuevos paradigmas.

Especialidades: Etnografía de la Realidad Virtual
Migraciones Forzadas-comunidades Diasporicas – migraciones Latinoamericanas
Segunda y Tercera Generación de descendientes de personas afectadas por los DD HH en el Cono Sur
Diversidad-Identidad-
Memoria en la Web:
Asesoría en producción cine y documentales temática recuperación de memoria Histórica y Memoria Colectiva Cono Sur de latinoamérica.”

Fui arqueóloga hasta que los muchos años y el Colegio de Arqueólogos me marginó, dado que mi decisión de no realizar una tesis en arqueología – ya en 1993 sabía que la etnografía y la antropología serían mi quehacer- me dejó sin el título profesional, y los licenciados, al menos hasta hace un tiempo, no  eran considerados arqueólogos.

Desde el año 1969, cuando la doctora Mostny me aclara que mi intención de ingresar a la carrera de Museología, que se dictaba en el MNHN no correspondía a lo que le expresaba como mi objetivo y mi vocación – y me aconseja que termine la educación secundaria, de la prueba de Aptitud e ingrese a la carera de Arqueología- lo que cumplí, ingresando al Departamento de Historia y Geografía de la Universdad de Chile.

En mi caso, la doctora Mostny fue fundamental al orientar a esta veinteañera, con cuatro hijos, hacia un camino que recorro hasta este nuevo siglo.

La política gremial de dar a los que tenemos el grado de Licenciados en Antropología con mención en Arqueología una calidad de “miembros honorarios” y no de arqueólogos, a pesar de una trayectoria en la profesión de décadas, participando en los proyectos más significativos en la historia del país y con los más destacados profesionales chilenos y del mundo (Julio Montané en San Vicente de Tagua Tagua, Tom Dillehey en Monte Verde, William Mulloy en Isla de Pascua,Lautaro Nuñez en Caleta Huelén, en el Loa,Patricio Nuñez en el distrito Tahai, Rapa Nui, don Alberto Medina en La Chimba, Carlos Ocampo en todos sus proyectos hasta 1998  )

A partir de este nodo fundamental en mi vida académica y personal, cuando había cumplido los 24 años y mi hija , la menor de 4 se empinaba en los 2 años,inicié un camino por terrenos ásperos para una joven mujer, madre y arqueóloga, en tiempos en que las mujeres se quedaban en casa y en su horizonte limitado a tareas domésticas el escarbar huesos prehispánicos, piedras y trozos dispersos de cerámica en desiertos , pantanos e islas remotas no formaba parte de su imaginario.

Mi hija aprendió a caminar en las trincheras y cuadrículas de San Vicente de Tagua Tagua y mis tres hijos varones conocieron los cuatro puntos cardinales de Chile.

Los procesos histórico sociales que nuestro país experimentó a partir de 1973 nos llevó a mis hijos y a mí a un exilio donde fue posible conocer y aprender de antropólogos y arqueólogos transandinos, experticias y saberes indocumentados y no reconocidos en mi historia académica cuando después de cinco años retorné y reingresé a esa carrera y esa universidad que fue madrastra para tantos de nosotros.


* Javier Muñoz Fernandez, casado con Rosa Peña. Después del Golpe de Estado se cambió a la Universidad Católica, a la carrera de Pedagogía en Educación Básica. Ejerció como profesor de básica en el Colegio Tabancura por décadas. Rosa Peña, así mismo, se cambió a la PUC, a la carrera de educación diferencial.

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