Acerca de violaciones y culpas

Adriana Goñi Godoy
especial para G80

Acerca de violaciones y culpas

Las mujeres estamos siendo demonizadas como asesinas e incitadoras a la violación y abuso sexual por el solo hecho de despertar apetitos desmedidos en los  varones víctimas de una compulsión irresistible y animal. Triste papel para mujeres y hombres considerados en su más instintivo deseo sexual.

Si luchamos por interrumpir los embarazos en las tres dramáticas circunstancias legales hasta el año 1989- las cuales de seguro los varones padres de esos fetos inviables aprobarían y solidarizarían, así como los esposos de las mujeres con riesgo de su vida y los familiares de las jóvenes violadas- voces que no escuchamos- somos estigmatizadas y consideradas criminales arrojadas a prisión.

La primera vez que sufrí un intento de violación fue a los trece años, cuando un amigo de mi abuela con engaños me llevó a una casa donde pagó para que lo dejaran entrar a una pieza donde me encerró y comenzó a intentar arrancarme la ropa. Me salvaron en esa ocasión  mis lecturas precoces de los textos legales de mi padre abogado que me hicieron saber que era delito forzar a una menor y mis iracundos gritos amenazando con denunciar a él, a la vieja alcahueta y hasta a mi abuela…Mi culpa: ser una niña muy desarrollada, muy pechugona y quizás algo coqueta.

La segunda vez, a los 20 años, ya casada y con dos hijos, siempre pechugona y quizás algo coqueta, el tipo que debía entregarme unos pantalones hechos a la medida, en su casa-taller se arrojó sobre mí enardecido. A mis llantos, suplicas y rechazo solo dijo: “tienen que tocarme a mí siempre las histéricas”.

La última y no menos traumatizante vez fue en mi primer espacio laboral, una joyería donde con entusiasmo ejercía mi oficio de artesana en plata. Ya tenía 24 años, cuatro hijos, siempre pechugona y algo coqueta. El dueño, viejo sesentón, aprovechó la ausencia del operario que soldaba las piezas de plata y como animal se me abalanzó por detrás, provocando en mí tal desconcierto, terror e impotencia que como consecuencia sufrí la pérdida de la voz y el comienzo de una depresión que me duró mucho tiempo. Ninguna de estas veces se concretó la violación. Ninguna de estas veces fui capaz de contarlo a nadie.

En el inconsciente de esta niña- mujer que era de seguro sentí y pensé que de alguna forma debía de haber sido mi culpa.

6 febrero 2015

Adriana Goñi
@antropomemoria
Para Generación 80

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