Mañana es 24 de marzo…mi otro 11 de septiembre

Mañana es 24 de marzo…mi otro 11 de septiembre

A lo largo de los años me he preguntado una y otra vez cómo es que el golpe de estado en la Argentina no me golpeó y no me dejó marcas en la memoria.

Retrocedo a esos días e intento hacer una radiografía de mí y mi entorno de entonces: vivía mi exilio en Buenos Aires con mis cuatro hijos menores y luchaba por liberarme de una relación toxica que se arrastraba por cinco años. Trabajaba en un sanatorio vendiendo en la calle, puerta a puerta, planes médicos que exigían cumplir cuotas de contratos cerrados para conseguir comisiones que me permitieran mantener mi casa y mis niños.

Adriana y niños en balcón casa Córdova 623 Bs.As.

Recuerdo que cada día salía de casa a las seis y media de la mañana para tomar el colectivo 157 que me dejaría en Caballito a las 8 a.m.… decían en broma que este colectivo recorría la Republica argentina antes de llegar a destino, y de verdad era un trayecto larguísimo. Recuerdo siempre a un obrero que me guardaba un asiento porque los mismos trabajadores nos encontrábamos a bordo cada día.

Llegaba al Sanatorio Antártida, en la avenida Rivadavia al 4900 a las 8:00 en punto ya que si te atrasabas un minuto no te dejaban entrar. Nos reuníamos el equipo de 25 vendedores, todos argentinos provenientes de los más disimiles orígenes y lugares, todos y todas rebozando energía y buen humor. Recibíamos  los “datos” que nuestro jefe nos asignaba, de personas que querían contratar los planes médicos y que podían vivir en cualquier punto de la capital o el gran Buenos Aires. Era aterrorizador el salir a la calle y hacer los puerta a puerta porque en los edificios los conserjes te prohibían la entrada, por lo que era necesario ingeniar distintas formas de burlarlos.

Recuerdo una vez cuando un conserje indignado me propino una feroz patada en el traste cuando me atrapó “timbreando” en su edificio…

Más aterrador era que los clientes me identificaran como chilena, ya que estábamos catalogados como terroristas en esos años del Cóndor y la Triple A, por lo que adopté un castellano neutro que se me adhirió para siempre.

Llegaba de vuelta a casa muy tarde, cuando mis hijos estaban cenando y el entonces mi pareja comentaba: le creen a su madre que a las 11 de la noche estaba trabajando? Y si, lo estaba, y era la única que lo hacía en esa casa.

Y así era cada día, salvo los fines de mes, día de pago, cuando nos reuníamos en algún boliche a tomar cerveza con mis colegas, que ya eran mis queridos amigos: la Clarita la tana, Raúl Donegana, Juan Carlos Castro, músico, están en mi memoria feliz de ese tiempo.

En aquellos días, sin Internet, sin redes sociales, sin tiempo de leer periódicos, en el vértigo diario de un trabajo agotador, con la TV donde mis hijos decidían los programas que se veían en casa, el golpe de estado no llegó a mis oídos…

Y de verdad que nada sabíamos de la represión, de las desapariciones  porque mi barrio en el gran Buenos Aires era de modesta clase media y nunca vi soldados o acciones represivas y la vida continuaba ajena a todo.

JDC Día DD DD 2011

Es evidente que en los cinco años de mi exilio en Buenos Aires no milité y mis contactos con compañeros y camaradas chilenos fueron traumáticos, con los traumas que las distintas conductas y acciones no compartidas producen.

Así es como llego diciembre de 1977. Sola con mis hijos decidí volver a Chile, mal que mal prefería una dictadura conocida que una de la cual no sabía cómo enfrentar…

23 marzo 2021

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