Y el Peda de aquellos años…

 

 

Paula Varas G.
especial para G80

Y el Peda de aquellos años…

Hoy día la Anita Olivares puso la canción Heroicos …con dedicación “Para mis amigos, compañeros, hermanos” … y a mí… como el recorrido de Sabina bajándose en Atocha … me invadieron las imágenes del Peda …

Con los guardias azules, sus rectores designados, su separación de la Chile, con los sapos en medio de las asambleas

Con los pañuelos en el cuello, en el bolso, en la cara… con el pasamontañas sobre el pañuelo…

Con sus lienzos colgados… cada vez más altos… con la gente de la FECH… a veces tan lejana a nuestras peticiones… con la salida a la calle y  la  entrada de los pacos

La transformación en la UMCE, el asesinato de nuestros compañeros, y después las elecciones!!!… la Andrea, el Marcelo, el chico Manolo, la celebración en la calle…

La reja, o la pared que da a Ciencias, el muro, la llegada del hormigón armado… la cara de todos, la caricatura… los rayados… la copa de agua!!

Y después, el año decisivo… y los siguientes llenos de tanto dolor y muerte, que a pesar de todo, no logran destruir ni la utopía ni la esperanza.

Las calles rodeadas de militares y pacos

Los montones de asambleas y detenciones masivas que se confunden..

La pedida de la renuncia a Arriagada… ¡su renuncia!… la desmovilización.. las puertas cerradas, el letrero de aviso que desaparece, el aviso de desalojo, la fila para subir al furgón… (vista desde lejos para pasar lista)… la huida saltando la pared, el chico que no quiere escapar para quedarse con los estudiantes… nadie entiende nada, se llevan hasta a los fachos.

La comisaría Los Guindos, los gurkas encapuchados en el gimnasio, cae la noche, el cura Maroto preguntando por los detenidos, la espera interminable…

Las noticias transmitiendo las mentiras, los buzos deportivos requisados, los libros…

Las tardes en los alrededores, los Cisnes, Las Lanzas, los datos de los de Filosofía…

El spray que no escribe, las faltas de ortografía .. la fiebre aftosa de la Bartola!!… la molo que se cae y que se prende antes

La cafeta y el Casino Eduardo Vergara , el despacho del CEP y la biblioteca… el casino inundado y los casinos hechos en los extremos para dividir … el techo del casino y la cancha ¡las abejas!… los rayados matutinos o a mediodía…o en la tarde … o los que aparecían en la mañana después de un trabajo nocturno… los árboles ¡la alergia en primavera! ..

La prestada de casa para la reunión… que se transformó en fiesta

Los gritos… las canciones ¡¡los de música alegrando la vida!!!… y el pollo cantando… y el flaco con su canción de democracia, los de historia tan serios y creídos… Los y las de Básica y las chicas de diferencial tan solidarios… La gente del físico que quería pasar piola… o los que iban todos los días y no estudiaban ahí…

La subida del cerro los sábados… o los miércoles en la tarde

Con el cierre, con la apertura … con la expulsión… con la petición del reingreso…

La sala cuna junto al muro… y a las lacrimógenas… el rescate de los niños

La cara de alguien de ingles, pálido sobre el muro,después del roce de la bala…, el salto sobre el guanaco… la toma de la rectoría… el piano contra la puerta, ¡¡¡el Mozart tocando el piano!!!  los 5 días presa y los 21 restantes… la parka prestada… la lista en el bolsillo de la parka… el callejón oscuro, el carnicero… las preguntas del fiscal.

La comisaría de Davila, la lectura de cartas españolas y la barrida de todo el patio, la negativa a apagar la luz y la repartición de sacos de dormir y chocolate… Se publica la lista de autorizaciones de ingreso al país y mi nombre viene en ella.

Las marchas silenciosas, y las no tanto, … las salidas a la calle, las ida al centro todos juntos,el encontrarnos allá, los días de paro, los recorridos por medicina norte y Olivos, por Ingeniería, las visitas a la Placa… y las peñas en la Reina o en Ciencias Químicas…  y el encuentro con el IPS… y los Congresos y las carreras truncas… Y los días de Paro y trabajo poblacional.

Las conversaciones con la chica, con el JP, la celestina de los amores clandestinos, el Guille y su jeep, el lobito, el palomo, la Vale, el Alvaro, la Chiqui y los perdigones… la Anita y su vestimenta, el Daniel, el Claudio, el Carlos que en realidad no se llamaba Carlos y tantos otros..

Y tal como dice Joaquín Sabina… Pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid… pues así  mismo… siempre hay un recuerdo que se queda en el Peda…

la canción Heroicos     Tributo a nuestra Generación del 80…a nuestras historias en el Pedagógico.

 

 

Paula Varas G.
29 de agosto de 2013 a la(s) 19:14

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Paula Varas: La niña de los brazos del presidente Salvador Allende, 42 años después

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Debe ser ésta, sin lugar a dudas, una de las fotos más emblemáticas del presidente Allende en su contacto con el pueblo, con los niños. Algo que, por lo demás, ilustra nítidamente la opción por los más pequeños y los más desprotegidos de su gobierno. Se advierte un primer plano con su figura impoluta dotada de un impecable traje oscuro y camisa blanca (seguramente con corbata y colleras, cuestión que no se alcanza a advertir) rodeado de pequeños niños sonrientes y expectantes, mientras sostiene a una feliz nena rubia de no más de 6 años en sus brazos -casi como esperando también su turno- pues la imagen parece captar más precisamente el instante en que el presidente Allende comienza a bajarla de sus brazos.
Hoy, 42 años después y a más de 14 mil kilómetros de Chile, hemos rememorado con la niña que protagoniza esa imagen, hoy convertida en una cientista social e investigadora de la URV, la universidad pública de Tarragona, Paula Varas G. Ella es, además de Asistente Social y Antropóloga, egresada del Magister en Ciencias Políticas, Máster en Metodología de la Investigación y doctoranda/investigadora. O sea, por formación no se ha quedado.
Este es resultado de esta interesante entrevista de Francisco Javier Alvear desde Tarragona, España.:

Paula Varas 40 años después


¿Tienes algún recuerdo de ese día de cómo se gestó esa foto?

Me acuerdo que fuimos con mi abuela, era una actividad con hijos de periodistas y funcionarios de La Moneda o algo así, creo que fue en diciembre del 72… Allende antes de tomarme en brazos había cargado a mi hermano René porque se había perdido, y lo levantó para que alguien lo identificara; por eso al pie de la foto sale mi hermana Claudia, mi tía Paloma, algunos amigos, mi abuela, porque todos nos acercamos a buscarlo… Recuerdo claramente que el hecho de que el Presidente me tomara a mí no fue azar ni casualidad ni mucho menos algo planificado por asesores o protocolo, sino que más bien se debió a una insistencia mía, del estilo “si tomaste a mi hermano, ¡yo también quiero!”.
O sea, ¿que hay otras fotos similares, digo con otros niños?
Fotos de Allende con niños hay muchas, porque él era súper cariñoso con los pequeños y pequeñas que se acercaban, de hecho la foto en que sale mi hermano era mucho más bonita.
¿Por qué crees que esta foto es más famosa?
Eso sí que se puede deber a la casualidad; no lo sé, hubo tantas fotos destruidas, quemadas o escondidas por miedo, será que ésta alguien se atrevió a guardarla y a mostrarla en algún momento. De hecho, nosotros partimos al exilio y te puedo asegurar que no nos llevamos ninguna foto.
¿Cómo fue esa salida?
En septiembre del ‘73 después de unos días en la Embajada, nos fuimos a México con prácticamente lo puesto; más de 10 años pasaron hasta que alguien le dio unos negativos a mi mamá, obviamente no eran las mismas fotos, pero había tomas desde distintos ángulos, en la mayoría, yo aparecía de espaldas, hasta que un día vi esta foto en la portada de un periódico en México y años mas tarde en el The Clinic en Chile.
Recuerdo que un día, mientras tomábamos el té, alguien llegó a la casa con un libro de imágenes del presidente Allende y nos pusimos a hojearlo. Apareció esta foto, pero también se dio la casualidad que entre la gente que había en la casa en ese momento, más de cinco salían en alguna de las fotos de ese libro. Fue algo muy bonito y emocionante.


¿Qué representa para ti ésta foto?
Representa claramente la opción de Allende y su gobierno por los niños y niñas de Chile. No habrá otro gobierno que en Chile que haya tenido tal definición tan contundente por el tema. De ahí el “medio litro de leche” de las 40 medidas…
Tu infancia fue feliz, ¿recuerdas cómo se tradujo eso en tu vida por entonces?
La verdad es que era muy pequeña, pero sí recuerdo el ambiente de felicidad que se vivía por esos días. La gente era feliz, cantaban, hablaban, se relacionaban y gozaban más. Las familias estaban más unidas. Yo creo que en Chile nada fue igual tras el Golpe.
Y, ¿qué vino después?
Bueno, como ya te comenté, al poco tiempo vinieron los años de dolor y oscuridad que afectaron al país en general. El exilio a los pocos días del golpe, el 19 de septiembre, partimos rumbo a México. Más tarde, una adolescencia caracterizada por el retorno a Chile en plena dictadura, al igual que miles de jóvenes, me tocó vivir la represión a los estudiantes, las manifestaciones, la mentira de la prensa, el asesinato de gente cercana. Finalmente, mi paso a la adultez coincidió con el periodo de la transición a la democracia que parece no acabar, para muchos chilenos. Una época para nada feliz, como puedes advertir.
Alguna sensación, algún detalle con respecto a la fotografía… ¿Alguna anécdota más?
Si, si, si,… recuerdo perfectamente que yo había estado llorando y estaba bastante moquillenta y me colgué del cuello del Presidente… y cuando me bajó me dijo: ¡Pórtate bien y suénate!, a lo que yo le contesté… ¡Shhh! ¡Pórtate bien tú mejor! Alguien me comentó que ese diálogo/episodio fue recogido y comentado al otro día por algún diario de la época.
Y, ahora, 42 años después ¿en qué está esa niña lejos de Chile?
Viviendo en España, trabajando con la Universidad. Actualmente en los prolegómenos de una investigación sobre la infidelidad y las nuevas tecnologías. En otro instante de mi vida, después de profundizar algunos aspectos del exilio, las migraciones, o el vivir en dictadura, ahora he decidido tomar distancia en la temática de estudio, los “trayectos de los engañados”, el relato del momento en que descubren la infidelidad a través de las nuevas tecnologías y las reacciones posteriores.
¿Y con la que está cayendo acá…?
Si, si, si…, precisamente. No te creas. La crisis afecta la cotidianidad de manera concreta. Más allá de la prima de riesgo, de los datos estadísticos de paro o de las cifras macroeconómicas; cuando una persona está con problemas de trabajo específicos, se ve afectada en diversos ámbitos de la vida, por lo tanto se modifican la mayoría de sus relaciones sociales y humanas. El tema de la infidelidad no escapa a ello, ya que en periodos de inestabilidad económica familiar hay pilares fundamentales del vínculo relacional afectivo que son atacados y que afectan enormemente, tanto la visión del otro  como la autoestima y que de alguna forma “aumentan” el potencial riesgo de que exista una infidelidad.
¿Por ejemplo?
Uno es la veta patriarcal de la relación, es decir la visión del “macho proveedor” y otro es la pérdida de poder y estatus, que sin duda alguna son armas de seducción. Aunque, dado el carácter social y culturalmente construido de la infidelidad, podemos decir que no es un fenómeno homogéneo, hay distintos tipos, niveles y formas de enfrentarlo. No es lo mismo la infidelidad de una mujer, ya que posee mayor estigma en la sociedad, que la de un hombre, que es en muchos casos socialmente aceptada.
Y, ¿has descubierto algo interesante?
En los relatos de los afectados se descubren muchas cosas, se reportan estados de ansiedad y angustia, y en forma recurrente van acompañados de escalofríos, taquicardia y mucho dolor en la mandíbula y en la parte posterior del cráneo. Todos señalan que efectivamente es “como si te pegaran en la nuca”. … Conocí historias increíbles, el estudio describe las “nuevas maneras de infidelidades” en la Era de la Información y las Comunicaciones, es decir al descubrimiento a través de teléfonos móviles, redes sociales o internet en general. “El dejar abierto el Facebook o el mail”, el espiar los mensajes de los teléfonos móviles o los chats que se quedan en las cookies de las computadoras. Que en definitiva son constataciones inciertas, más bien incertidumbres típicas de esta era, porque al estar escritas, pueden ser interpretadas y re-interpretadas.
¿Cómo?
El énfasis esta puesto en la metodología plural (historias de vida, entrevistas en profundidad, un trabajo de campo exhaustivo) que nos permitió recoger percepciones, sensaciones, sentimientos, reacciones de personas que habían sufrido algún tipo de infidelidad por parte de sus parejas, pues nuestro sujeto de estudio es el que la sufre, no el que la ejerce o produce la infidelidad.
Y, ¿cómo relacionarías este tema con la política?
Relacionando fidelidad y lealtad con la mentira y el engaño, pues forman parte de un mismo y profundo fenómeno casi exclusivamente humano. Esta claro que para mantener una relación de infidelidad, hay que mentir, persuadir, manipular, etc. Y cuando uno descubre una infidelidad lo primero que siente es que ha sido engañado, defraudado y traicionado… Es lo mismo que hacen los políticos primero con sus ideas y con ellos mismos -el autoengaño-, y luego, con sus compromisos y promesas, con su electorado… … Es preciso tener presente que todo engañado es un potencial engañador (infiel); por distintas razones, para equiparar la situación, para vengarse, para hacer daño o simplemente para recobrar la confianza en uno mismo. Y ojo, así como los políticos traicionan, los electorados también traicionan. No puede haber un ejemplo más concreto que lo ocurrido en las últimas presidenciales en España en donde un millón de votos del PSOE pasó directamente al PP; o el caso de algunos políticos en Chile, que ayer lucharon hasta con las armas y mira en la penosa situación que se encuentran hoy defendiendo el sistema neo-liberal o trabajando como alto ejecutivo de transnacionales. En tiempos de descomposición y crisis política el engaño más patético, es el engaño a las ideas y a las promesas, porque es una forma de autoengaño y de negación a sí mismo en última instancia.
En ese sentido, el presidente Allende era fiel, ¿no?
Ya sé por donde vas, pero contrariamente a lo que se cree, el presidente Allende era un hombre completa y absolutamente fiel no solo a las ideas y a sus promesas, que dejó de manifiesto pagándolo con su vida el 11 de setiembre del ‘73, sino que también lo fue a todos sus amores. No existió una mujer que lo odiara por traidor.
Por último, como Gianni Vattimo dijo hace un tiempo en una entrevista: “Entre uno que miente por el amor del proletariado y otro que miente por amor a las putas, como Berlusconi, hago una diferencia”.
¡Qué buena! Estoy completamente de acuerdo con esa cita. Me la llevo. Jajaja…

 

 

Adriana Goñi. Community Manager contra el olvido

Apropiándose de las nuevas tecnologías, difunde e intermedia información, posicionando una antropología del mundo virtual, donde habita el sujeto de su quehacer y sus investigaciones. Son los familiares afectados por la represión de la dictadura militar,sus hijos y nietos. A 40 años del golpe militar, las tres generaciones que actualmente coexisten dentro y fuera de Chile; un esfuerzo más para recuperar la memoria reciente y visibilizar a los protagonistas de una comunidad que muchos quisieran  dejar en el olvido y entre las ruinas de un pasado que también es presente.

Por Myriam Carmen Pinto.

Ha hecho su centro de atención principal a los hijos y nietos descendientes de las familias afectadas, a consecuencias de la represión ejercida durante el periodo de la dictadura militar del general Pinochet. Los familiares de quienes en algún momento de los casi 20 años de régimen militar, fueron presos políticos, refugiados, ejecutados, detenidos desaparecidos, torturados, exiliados, retornados, doblemente exiliados, exonerados, fugados, clandestinos, condenados a penas de extrañamientos. Suman y siguen, los muertos y heridos de las protestas masivas, las viudas y los viudos, hermanos, sobrinos, primos y tíos.

A 40 años de los hechos, están repartidos en Chile y en los más diversos rincones del mundo. Los que residen en el exterior vienen a Chile, pero sienten que no son de aquí, ni de allá, no obstante, se mantienen vinculados, a través de sus lazos familiares, sus vivencias comunes entre sí, y su cultura contestaria, que les brota y emerge siempre en lo que hacen, piensan y publican en blog, páginas web y redes sociales (relatos, poesías, cuentos, fotografías, tesis de estudios, vídeos, expresiones artísticas y testimonios).

Es una comunidad que en su conjunto da cuenta la presencia de un pasado  presente. En conjunto superan los intentos y ejercicios de la buena o mala memoria para olvidar que recae sobre ellos.

Multiplicando canales de acceso hacia ellos, su encuentro y búsquedas, Adriana Goñi, cruza las páginas de estos jóvenes con las que ella ha creado. Lo mismo hace entre las listas de correos, y e-groups.

Algunos de sus sitios son las “Memorias preñadas de futuro”, “Hijos de la memoria”,  “Diáspora política chilena”, “Memoria urgente”. En facebook, también hay grupos y páginas similares.

Enlazados unos con otros, cruzan e intercambian experiencias e información; una suerte de una gran telaraña virtual por la memoria y la promoción y defensa de los derechos humanos. Entre ellos, se comunican a través de estas nuevas tecnologias de información y comunicaciones, (Tics),  colocándolas a su servicio para apoyarse mutuamente y relacionarse entre sí.

Una de estas redes de mail, administrada desde Chile, reúne a cerca de 900 personas residentes en diferentes países. Los que están fuera de Chile, mayoritariamente, no hablan muy bien el castellano, pero si manejan a la perfección la jerga chilena.

Una breve revisión de sus páginas evidencia que entre ellos se tratan como si fuesen hermanos.  También sobresale el valor de la solidaridad y un sino de humor negro, que a veces solo ellos comprenden porque forma parte de la cultura de muerte que los ha perseguido sin posibilidades de dejarla a un lado, ni menos olvidar. A modo de ejemplo, hay un grupo que se hace llamar “Los Guachos” y otro “El Kabezanegra, pa los sudacas en Suecia”. Se organizan en asociaciones culturales, grupos deportivos y artísticos, que se activan en el marco de fechas conmemorativas. Organizan fondas, peñas  y actividades solidarias para con Chile ante catástrofes o causas político sociales.

No se sabe cuantos son. En los años 90 se decía que prácticamente un millón de chilenos había salido de Chile a partir del año 1973.

Vinculada con ellos de manera virtual y o presencial, Adriana conoce sus vivencias, secretos y milagros. Cuando vienen a Chile se reune con ellos, participa de sus actividades. Van a los cementerios, camposantos, museos y sitios de la memoria. Visitan universidades y participan en talleres y jornadas que ella organiza para brindarles información y los contactos necesarios que requieren para moverse en un país que prácticamente desconocen.

Quizás por ello le dicen “Big Mama” o “Adriana Spam”. Esto último, a raíz de sus envíos de información a las casillas  y listas de correos, los que  distribuía en sus inicios con una abundancia excesiva.

“El olvido está lleno de memoria” (1)

Una vez recuperada la democracia, Adriana Goñi, viaja a Suecia, a propósito de una investigación, cuyo sujeto de estudio era el grupo de mapuche exiliados en dicho país. Tomando contacto con las comunidades de chilenos dimensiona en su totalidad el exilio chileno, sus alcances y repercusiones entre las nuevas generaciones; los hijos que hasta ese entonces no estaban  incorporados en ningún estudio.

Compartiendo con ellos observa continuidades y cambios culturales. Han contraido matrimonios con gringas y o gringos, surgiendo lo que denominan “pareja mixta”, cuyos hijos se tornan algo así como miti-mota; ósea mitad chilenos – mitad extranjeros.

También constata sus ritos, costumbres, tradiciones y una estética propia de lo chileno. Es  una comunidad que lleva como sello una historia común asociada a la derrota del gobierno de la Unidad Popular.  Tanto es así que quienes se han logrado reconstruir responden a una clave que tiene que ver en cómo han sobrellevado dicha vivencia, reconociendo que hay muchos que se quedaron como si el tiempo se hubiese congelado.

En 2003, con ocasión de los 30 años del golpe de Estado, Adriana fue invitada a incorporarse al Centro de Estudios de Memoria y Derechos Humanos, una iniciativa en formación  que impulsaban entonces losacadémicos del Departamento de Antropología de la Universidad  Academia de HumanismoCristiano.

En este contexto, da curso a su proyecto, “Hijos de la Memoria Chile”, continuándolo sobre la marcha como investigadora independiente. La han alentado distintas instancias académicas y de derechos humanos no institucionales.

Y es que no ha sido nada de fácil. Si bien es necesario reconocer que ha habido una eclosión y apertura de nuevos espacios y reencuentros, lo cierto este no es un tema país por lo que no tienen apoyo, ni fondos por parte del Estado, ni de cualquier otro origen.

Adriana Goñi, expresa que la memoria está enquistada en los sectores afectados, y no impregna a la sociedad en su conjunto.

Antropología de la memoria

Si hay alguien a quien le ha tocado vivir todo a destiempo, sin duda alguna,  todos los indicadores apuntarían de inmediato hacia ella.

Fue madre a los 18 años, a los 23 años tenía cuatro hijos, a los 24 años completaba sus estudios secundarios que había abandonado para casarse.

Desde los turbulentos años setenta hasta los interminables transicionales de los noventa fue alumna de la Universidad de Chile. Es Licenciada en Antropología/arquelogía.

Iba a la universidad, a las reuniones, y a excavar con sus hijos. Trabajaba cumpliendo tareas como asistente ad-honorem en la sección Arqueología del Museo Nacional de Historia Natural, que acogía a estudiantes y aficionados, sin distinción alguna, haciéndolos partícipes de sus trabajos en terreno, las reflexiones, debates e intercambios de experiencias y saberes.

Entre sus experiencias de terreno  y viajes destaca el que realiza a Isla de Pascua, publicando, a su regreso, una investigación  acerca de las migraciones hacia el continente; su primer y más permanente amor temático.

Fue la dra. Grete Mostny,  quien la empuja a ingresar a la universidad y formalizar sus prácticas y experiencias.

Al paso de los años, los destiempos siguen moldeando su trayectoria. A los 45 años era abuela y, apenas se empinaba en los 60 años, contaba a sus doce nietos, quienes ocupan gran parte de sus energías, al igual que Carlos Marx, su gato, según dice, su mejor marido.

Se ha casado cuatro veces, separándose del padre de sus cuatro hijos, su primer marido, cuando tenía menos de 30 años. Al paso de los años, cansada de tantos nuevos comenzares, decide seguir sola, arrancarse su corazón, eligiendo la soledad como compañía; aunque casi nunca lo está.

Ha hecho de su vida un andar libre y de renacer nueva cada día.

Siendo adolescente en los años 60, la revolución cubana, la revolución en libertad y la de las flores renuevan en ella su espíritu libertario y revolucionario. En los años 70, adhiere a la utopía del socialismo vía democrática de la Unidad Popular, que encabeza el presidente Salvador Allende, haciendo suya la lucha por la justicia social y la igualdad.

Durante la Unidad Popular, sufre en carne propia las primeras tensiones y procesos de radicalización de la sociedad.  Su primer marido,  dueño de una tienda de repuestos de automóviles y de un viejo camión de reparto de parafina, se integraba al histórico paro de los camioneros de 1972 mientras ella  militaba en las filas de la juventud socialista. Era presidenta del centro de alumnos de la carrera de Antropología de la Universidad de Chile.

A mediados de 1972, convencida de que la única salida a los problemas que enfrentaba el gobierno del presidente Salvador Allende era radicar el poder popular en el pueblo, ingresa al Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR, donde la pilla el golpe militar.

Los efectos se hacen sentir de inmediato. La expulsan de la universidad, la dejan con arresto domiciliario, allanan su casa en múltiples ocasiones, y maltratan a sus hijos. Finalmente, sale al exilio, reuniéndose con su pareja, quién se había asilado en la embajada de Argentina, en septiembre de 1973, tras ser buscado afanosamente por las fuerzas de seguridad en su calidad de interventor de un fundo. Era funcionario de la Corporación de Reforma Agraria, CORA.

En Buenos Aires, cuando se les deja caer encima la dictadura militar transandina, regresa a Chile, sola con sus cuatro hijos.

Nuevamente empieza todo de nuevo. Vuelve a la universidad, retoma sus estudios, se vuelve a casar, y vuelve a fracasar.

Lo que sigue a continuación es una serie de quiebres que la llevan a vivir todo a medias. Sin nunca llorar, ni gritar, dejaba botado lo que empezaba.

Su casa parecía una morgue, y aún no sabe cómo ello afectó a sus hijos. En su lugar de trabajo, en su casa,  tapizó las murallas con las fotos y recortes de prensa de sus compañeros asesinados durante la resistencia en los años 80 y 90. En las paredes, también, pegaba afiches que exhibían la expresión gráfica de la sangre derramada, la paloma prisionera entre alambres de púas; un eterno y angustioso luto en un país que llamaba la atención y empezaba a reconocerse por sus éxitos macroeconómicos y modernidad.

Proviene de una familia de la clase política muy acomodada. Su padre fue uno de los fundadores de la falange Demócrata Cristiana y director del diario La Nación en el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva.

A pesar de contar con el respaldo de su familia, necesario, pero no suficiente, ha vivido permanentemente en búsquedas de los medios que le permitan salir adelante. Para enfrentar problemas económicos ha hecho botones de greda, y artesanías en lana de Chiloé. En ese entonces, las puertas del mundo público estaban cerradas y los proyectos que lograba, en una y otra organización no gubernamental, tenían siempre fecha de término.

Así es como ha vivido mil vidas juntas y a la vez. Lo tenía todo, pero rompe con todo. Se había propuesto caminar sola, y dar curso a sus inquietudes sociales y políticas.

Mojón de acequia urbana

En los años de la dictadura se hace parte activa de movimiento social. Participa en trincheras académicas, estudiantiles, culturales de reflexión y formación política. También forma parte del movimiento por la denuncia y defensa de los derechos humanos y sus colectivos y agrupaciones. Una vez recuperada la democracia  integra la Comisión Etica Contra la Tortura, y se vincula con diversas organizaciones, entre ellas de ex presos políticos, grupos de mujeres, centros culturales, vecinales y comunales.

En un incansable activismo político, social y cultural por el retorno de la democracia, asistía a  reuniones, pegaba afiches en las calles, hacía puntos de contacto, pero no militaba en ningún partido político. Había optado ser una militante de la vida. Y así sigue hasta los días de hoy, participando en  grupos que trabajan por la recuperación de la memoria.

Venciendo el shock postraumático con terapias, nueve años de psicoanálisis y medicamentos, su cuerpo le  ha pasado la cuenta con una  fibromialgia, que padece desde hace un par de años. Esto la ha aquietado en su casa, pero la ha hecho más activa en su quehacer cibernauta, incluyendo la apertura de grupos y redes de grupos de pacientes que padecen lo mismo.

Con un psicólogo clínico formó la asociación de fibromiálgicos sobrevivientes de la dictadura. Recopila y difunde información y materiales de apoyo. Desarrollando estas actividades, informa los resultados de un estudio del caso chileno, realizado en España, concluyendo que un 68% de los familiares violentados en sus derechos, durante la dictadura militar de Pinochet, sufren esta enfermedad. Al respecto, dice que es un mal que  se potencia producto de las penas y dolores del alma.

Hoy por hoy, también forma parte de la Asociación Gremial Industria Creativa Chile, de la que es socia fundadora y miembro de su directorio. Además de participar en actividades de investigación y extensión académica, imparte charlas, talleres y foros universitarios.

A la hora de concluir su historia de vida, se define como un “mojón de acequia”,  los que siempre salen a flote, a pesar de las turbulencias de las aguas. Dice que ha logrado ser ella, sin hundirse, ni dejarse morir.  En estos años, la enfermedad que padece su única hija, la revuelca, aún más, en toda ella, pero como lo ha hecho siempre, sigue buscando caminos de salidas.

Y como en la ciudad no hay acequias, entonces, continúa, dándose vueltas sobre el agua que corre, fluye y transcurre.

Es su rueda del día a día. Así y todo, no ha dejado de participar y seguir la ruta de su camino ya trazado. Es una mujer proactiva, empoderada, y plenamente vigente en los esfuerzos y aportes a la construcción de la identidad y la memoria de su generación y las venideras. Adriana Goñi, también tiene una o más de estas identidades en su ADN.

Por Myriam Carmen Pinto. Zurdos no diestros (serie). Historias humanas de humanos demasiados humanos.

1.      Mario Benedetti.

Fotografías: Älbum Adriana Goñi. Con ex presos políticos, Angel Parra y Julio Peña, año 2005; con mujeres miristas de su generación. Cineasta Carmen Castillo, última pareja de Miguel Enríquez, exiliada, residente en Francia; Funeral Gladys Marín; Manifestación frontis Universidad de Chile a los 30 años de la Lista de los 119 detenidos desaparecidos en Argentina, año 2005; Con la psiquiatra Laura Moya, octogenaria luchadora de la memoria y los derechos humanos, en la inauguraciónexposición de xilografías del artista Bernardo de Castro Saavedra, hijo de detenido desaparecido  en Casa memoria, José Domingo Cañas 1367.

Santiago, enero 2013

Y venían de Polonia…todos somos migrantes

La crisis reciente en Europa producida por la incontenible oleada de migrantes provenientes de Siria yb otras regiones devastadas por las guerras del siglo XXI ha remecido al planeta.

En mí ha revivido mi historia de descendiente de migrantes europeos a Latinoamérica que un día lejano del siglo XIX llegaron escapando sin duda a algún evento social,político o económico que los catapultó fuera de su país, aunque la historia familiar consigna

Hasta hace poco no tenía consciencia de mi calidad de ser producto de estas migraciones. Mi abuela paterna, Sara, en sus relatos de una memoria infantil – salió de cuatro años de su Polonia natal -me contaba y transmitía algunas anécdotas que a modo de relámpago iluminaban sus recuerdos.

Hablaba de la casa de sus abuelos maternos, los Cohl, en Varsovia donde vivía con su madre, su hermano mayor Roman y dos gemelas recién nacidas: Marta y María.

Su descripción de una mesa larga cubierta por un fino mantel y cubiertos de oro que ella observaba escondida desde abajo, entre las piernas de los mayores fue la imágen que me transmitió de esta lejana y ajena familia mía.

A mis preguntas infantiles acerca de su padre, respondía que estaba en América trabajando con un pariente en una tienda de paños, y que el abuelo Cohl había puesto como condición para que el resto de la familia se reuniera con él un éxito económico que garantizara el bienestar de su esposa e hijos.Hacía un año que el bisabuelo Somer Swiderski había partido a América.

Luego sus recuerdos iban hacia un largo viaje en barco con su madre, su hermano adolescente y las mellizas. Relataba la angustia que sentía a sus cuatro años con las jugarretas de Roman, que simulaba lanzar por la claraboya del camarote a las bebes donde quedaban encerrados cuando la madre subía a  cenar.

Saltaban sus recuerdos a la ciudad de Rosario, en Chile, donde finalmente se encontraban con el padre y…nada más, hasta los relatos de su vida adolescente en Rancagua, el colegio y su encuentro con el amor en su profesor de literatura, el poeta colombiano isaís Gamboa, de corta vida y romántica muerte en el Callao cuando partió a la guerra…solo hoy googleo su nombre y me reencuentro con este fantasma que marcó la vida de mi abuela hasta el día que su mente se perdió en el Altzheimer, 90 años despues. Isaís Gamboa

Mi memoria se entrelaza con la de mi abuela. Me veo en su pequeño departamento de la Avenida Providencia 337, en Santiago, yo con siete años, escribiendo cartas a un amigo especial que se firmaba “Cristian” y  que me decía “manzanita“en sus cartas a mi abuela desde Colombia, Cali la ciudad amada de mi abuela que decía dos ciudades marcaron mi vida: Kalish donde nací y Cali…esa Cali cuna de sus dos amores Isaís y su hermano Exequiel Gamboa, ese misterioso Cristian, a quien conociera ya mujer madura, separada, independiente y preñada de secretos con quien mantuvo una relación que solo terminó cuando él muere en el desierto o sabana colombiana al quedar el jeep donde viajaba con un desperfecto. Muere solo y de sed.

Me han dicho que mi abuela cargó mi corazón y mi mente de niña con sus dramas. Que hizo de mí -la hija de su único hijo varón, la portadora del nombre de su hija primera muerta por envenanamiento a causa de un descuido de la madre que vertió en la taza de la pequeña de dos años un mes el amoníaco con que limpiaba la corbata del marido -una cómplice y encubridora de sus amores secretos, de sus permanentes pérdidas trágicas.Puede ser, pero hasta hoy en que yo soy anciana, nunca volví a tener una relación tan estrecha con otro ser humano.

Tengo grabadas las descripciones de sus partos, en la remota Rosario, cuando relataba que las vacas mugían al unísono cuando ella paría hembra tras hembra cuatro enormes bebés. Así relataba, sin la menor emoción,la llegada de sus cuatro hijas. Y el relato de la concepción de mi padre, tardía y causada por por una obligada y protocolar exigencia que la llevó a compartir la cama de mi abuelo cuando asistieron, años después, a la ceremonia oficial de colocación de la primera piedra  del camino entre Viña y Concón. Mi padre nació en octubre 1919 y la crónica dice que esta ruta  fue inaugurada en 1917. Muchas fechas no me cuadran cuando intento reconstruir los eventos en torno a mi abuela, nacida en 1886 y supuestamente llegada a Chile en 1900…que habría traido al mundo a mi padre a los 33 años, el que se transformaría en el gran amor de su vida.

Tambien recuerdo la imágen transmitida por ella de mi abuelo Juan Goñi Urmeneta, pletórico de dicha en el balcón de su casa rancaguina mostrando a su hijo recien nacido a sus amigos y vecinos.

Y llegó, hace unos pocos años atrás, cuando estos recuerdos que mi abuela implantó en mí exigieron una comprobación histórica para adecuarlos a mis propios recuerdos, y el uso del Internet lo permitían, la idea de buscar, buscar y contrastar esta historia de migraciones familiares que llevamos en nuestro ADN de forma invisible y que ciertamente han conformado la identidad familiar.

Y nos pusimos de lleno a esta tarea con mi hermana Carmen Goñi Godoy y mi prima hermana Marcela Bravo Goñi, exiliada en Suecia, ambas mujeres creativas, inteligentes,acusiosas.

Y de esa investigación surgió un torrente de parientes, todo un clan de hombres y mujeres migrantes que pueblan el planeta y se originaron en dos ciudades: Kalish y …de una Polonia remota.

Se inició la búsqueda 

We are trying to locate direct or indirect descendants or close relatives there might be, of a Kohl (now Cohl, in Chile) family.
We are specifically speaking ofNachman Kohl & Malka Fogel Nadel. Both, and their 13 children, were native of Kalisz, Governia, Poland.
The 13 children of Nachman Kohl, were:
a) with his 1st. wife, LAIA (Leah) BLACH:
1. – Rifka (Rebeca)
2. – Hersz (Jerman in Chile, our great-grandfather)
b) with his 2nd. wife, MALKA FOGEL NADEL:
3. – Pesse (Paulina in Chile, our great-grandmother)
4. – Reische (Raquel)
5. – Roza
6. – Gilte Gusta (Augusta in Chile, our great-grandmother)
7. – Abraham (Adolfo in Chile,no news about him)
8. – Bajle (Bella/Berta)
9. – Mojzesz (Moisés)
10. – Szmul (Samuel)
11. – Salomon
12. – Jette (Janette)
13. – Benjamin
There are approximately 200 direct blood descendants of 3 children of Nachman Kohl and Malka Nadel, and we have lived in Chile (South America) for many years.
We have all met by chance recently, in September 2007. Some of them do not know, and others are not interested, but a group of them have taken up this initiative seriously.
We are now trying to re-unite our origin and true roots, and, hopefully, more of our Cohl or Kohl relatives. Between 1860 and 1890, approximately, with a Russian citizenship letter and at intervals, four Polish brothers began their arrival in Chile. They were all children of Nachman Kohl and Malka Nadel. They never went back to their native land in Kalisz, Poland, nor did they ever see their parents again.
Upon their arrival in Chile, it was not possible for them to reveal their Jewish origins due to the culture of society at the time, a fact which is of no importance to us now. There is no political or religious interest in this initiative of ours.
Our motivations are strictly due to family reasons, of seeking out our far-away Kohl or Cohl from Kalisz relatives in other places in the world as well as getting to know the truth. We have the right and the obligation to do so.

Y esta búsqueda condujo a maravillosos encuentros y reencuentros familiares al que otros parientes desconocidos contribuyeron  a forjar.

Y se creó en la Web un Club Cohl que fue uniendo , como colcha de retazos aportados desde distintos rincones y por manos fraternas creandose una comunidad, un grupo de pertenencia que unió historias, memorias y lazos de sangre entre los cientos de descendientes de estos primeros migrantes .

Kalisz 1795 – Santiago 2007+

Reencuentro de familia Cohl en Chile tiene 2 propósitos:
1. buscar, investigar, aportar, intercambiar puntos de vista con respeto y humor, para reconstruir las raíces y otros aspectos ahora desconocidos, difusos y también anecdóticos, en la historia de nuestros ancestros comunes Cohl.
Específicamente de 4 hermanos, dos varones y dos damas, que llegaron a Rancagua, Chile, en la segunda mitad del siglo XIX, llenos de ilusión como correspondía a su edad, ellas incluso con maridos e hijos menores, a iniciar una vida nueva y a hacer familia y fortuna en nuestro país que, por lo ya sabido, era radicalmente diferente a la que tenían en su tierra natal en Kalisz, Polonia, donde ya no regresaron.
Razones poderosas existieron para ello y por cierto son parte de la esencia misma del grupo que desde hace meses investiga, conformado por personas parientes y amigas de varios países y culturas.
La historia más fidedigna conocida a la fecha y que une sin excepción a todos los miembros de Cohl Club, comienza en Kalisz, provincia de Governia, Polonia, entre los años 1847 – 1852 (en estudio), con el matrimonio de nuestros aún poco conocidos tatarabuelos comunes y cuyos nombres recién supimos, Nachman Kohl y Malka Fogel Nadel.
No por eso no queridos ni mucho menos olvidados por este Club que lleva su nombre familiar.

2. Otros motivos:
a) que sirva para encontrar a un importante número de familiares directos, tan descendientes como nosotros de esos 4 hermanos Kohl (Hersz-Jerman / Pessa-Paulina / Gusta-Augusta y Abraham-Adolfo) y ciertamente también parientes nuestros. No sabemos de ellos y están ahí. Entre ellos nuestro recordado bis-tío Adolfo Cohl.Este es un deber irrenunciable que de seguro sus 3 hermanos nos lo agradecerán. Recién en abril ´08 se encontró la partida de nacimiento de Abraham Kohl en Kalisz, año 1865, también conocido como Adolfo en Chile. Ahora debemos averiguar que pasó con él.
b) por un hecho fortuito el destino nos ha reunido, lo que permite a Cohl Club potenciar el trabajo e interés individual, que deseamos también sirva para armar un sui-generis documento que podremos legar a nuestros descendientes: árbol+álbum genealógico COHL:
En Álbum Cohl no hay restricciones en No. de fotos, tamaños, color ó B/N, etc.
La idea es que nos presentemos, pasarlo bien y que finalmente nos conozcamos después de 155 años. No hay restricción alguna más que el auto-control y debido respeto, porque éramos y todavía somos una sóla gran familia.
El mail de Cohl Club es adrianagoni@outlook.com

KOHL & COHL, International search of relatives who bear this surname

חיפוש קרובים של משפחת קול ((KOHL or COHL) מפולין

LUNES, 10 DE MARZO DE 2008

KOHL & COHL (Kalisz-Governia, Poiln)

COHL & KOHL (idish) OPSHTAMEN (UPSHTAMEN) FUN NACHMAN (NAJMAN) KOHL UND MALKA FOGEL NADELINTERNATZIONAL (TZVISHNFELKELDIK) ZIJENICH FEN VEIR TRUCT DIE BAINEIMEN (FAMILIE NEIMEN) ME VILT UPZIJEN UND GUEFINEN NUNTE MESHPUJES VUS ZEI SHTOMEN (SHTATMEN) PINKTLEJ FEN DIE MESHPUJES KOHL OR COHL (NAJMAN KOHL UND MALKA FOGEL NADEL), GUEBIRTIK (UPSHTAMIK) FEN POILN (KALISZ_GOVERNIA). UNTS ZENMER MEIR VEINIGER ZOO BLUT MESHPUJES VUS INTS SHTOTMEN GLAIJ FEN DIE ELTER ELTER ZEIDES NAJMAN KOHL UND MALKA FOGEL NADEL VUS INTS (UNTS) LEIBMER IETS EN CHILE (ZID AMERICA) UND INTS (UNTS) OBMER ZIJ EIRSHT BAKENT (SEPTEMBER 07). IETST ZEINMER TZUTREFN MEIR MESHPUJES UND FEN VEIMEN (FEN VONEN) INTS SHTOTMEN (SHTMTEN). TZVISHN 1860 – 1890 MEIR VEINIGUER MIT RUSISHE NATZIONALITEIF, FEN TZAIT TZU TZAIT ZENEN ZEI UNGUEKIMEN KEN CHILE FIR BRIDER VUS ZENEN GUEVEIZN KINDER FEN NAJMAN KOHL UND UND MALKA FOGEL NADEL. ZEI OBN KEINMUL NISHT MEIR TZURIKGUEKIMEN TZU ZEIR GUEBURST PLATZ (KALISZ_POILN) UND ZEI OBN NISHT MEIR ZEJ TZUZAMEN – GUETROFN MIT ZEIRE ELTERN. VEN ZENEN UNGUEKIMEN KEN CHILE OBN NISHT GUEKENT ZUNG AS ZEI ZENEN YIDN, VAL DIE GUEZELESHAFT FEN DI TZAIT IZ AZOI GUEVEIZN (DUS OT GURNISHT UNGOEZEIN). INTS OBMER NISHT KEN POLITISHER OR RELIGUEIZER INTERÉS (NUTZ), ES IZ NOR A MESHPUJE VILN TZU TREFN UND KENEN DEIM EMES.
E-mail:descendientescohl@gmail.com
La esperanza es lo último que se pierde, lo estamos intentando en idish, su idioma natal, por si hubiera algún Kohl de los nuestros que recuerde a los padres ó alguno de los 4 hermanos Kohl que vinieron a Chile y no regresaron. Quizás le interese conocer nuestra verdad. Agradecimientos de Club Cohl a traductores citados en esta entrada.

SÁBADO, 1 DE MARZO DE 2008

13 hijos de NACHMAN KOHL (13 children of Nachman Kohl)

a) con su 1era. esposa (with his 1st. wife) LAIA (Leah) BLACH:
1. – Rifka (Rebeca)
2. – Hersz (Jerman in Chile)


b) con su 2da. esposa(with his 2nd. wife)MALKA FOGEL NADEL:
3. – Pesse (Paulina in Chile)
4. – Reische (Raquel)
5. – Roza
6. – Gilte Gusta (Augusta in Chile)
7. – Abraham (Adolfo in Chile)
8. – Bajle (Bella/Berta)
9. – Mojzesz (Moisés)
10. Szmul (Samuel)
11. – Salomon
12. – Jette (Janette)
13. – Benjamin

Carta a la Adriana Goñi desde Macondo

2009-10-06
2692 lecturas

Fesal Chain
especial para G80
Carta a la Adriana Goñi desde Macondo

En algunos diálogos que hemos mantenido por facebook con la Adriana Goñi ella dice: “(…) me ha pasado en tantas ocasiones en que diverges un átomo de lo establecido, petrificado en una memoria a veces utilitaria, que mi volcán vasco-judío se llena de hormonas. Me han segregado por No ser: no ser mapuche, no ser rapanui, no ser proleta, no ser flaca, no ser joven, no ser vieja, no ser virgen…que sólo yo sé en que identidad me ubico. Mi temor es qué pasará con nuestra herencia cuando mi generación vapuleada termine de irse…Me aterra el fantasma de los exiliados republicanos, de los judíos asimilados, de los hombres y mujeres del pueblo que no recuerdan. La instalación del olvido es mi fantasma personal. Y que la muerte de tantos y tantas quizás un día no tenga razón de ser”.

Pensé escribir algunas notas, como manera de respuesta a tan profunda y esencial reflexión, pero, luego pensé que aquella daba para una “Carta a la Adriana Goñi” y una carta desde acá, desde Macondo. Probablemente la generación de la Adriana, una intermedia y la mía, es decir tres generaciones políticas y culturales, la de los 60, la de los 70 y la de los 80, sepan la importancia casi desmesurada de Cien Años de Soledad, no solamente como Novela o “bella prosa” sino como el libro capital, y permíteme Adriana cierta lírica, acaso más importante que ese viejo y terriblemente profundo libro judío-alemán, Das Kapital. Y ciertamente la comparación no es azarosa.

Nota aparte, esto de nombrarte “la” Adriana, me parece más correcto que sólo Adriana. Y es simple como una de mis manos o de las tuyas. Has realizado desde la sinceridad una reflexión que va más allá, lo desees o no, de una reafirmación meramente ideológica. No soy de aquellos que no entienden la ideología, desde la distinción genial de Marx. Ideología como develación de lo aparente e ideología como falsa consciencia. Cuando me refiero a que hay un más allá de la ideología, me refiero justamente que existe un mundo de los hombres y de las mujeres que va más, mucho más y más allá de la develación o de la velación racional y mental del mundo de los fenómenos sociales y de las cosas.

Es la poesía como método de comprensión y conocimiento. No lo meramente bello, lo emocionantemente bello o lo que nos mueve a reír a o a llorar. Eso es, desde una poética compleja sólo la manifestación del fenómeno de la poesía. La manifestación en los hombres y mujeres. Pero emocionar para comprender el mundo es su objeto y objetivo final.

Así que Adriana esta Carta, es con ternura, es con cariño, es con tremendo respeto por tu reflexión , que es sin lugar a dudas , la reflexión de esta estirpe de cien años de soledad de la que formamos parte, irremediablemente, en el dolor, en el sufrimiento y en la alegría de una vida dura.

El primer dato, Adriana, es justamente la primera frase del narrador en Cien Años de Soledad: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

El recuerdo… pero muchísimos años después Adriana, muchísimos, tantos que aquella tarde ya era remota, y el recuerdo, frente a la muerte… Aureliano recuerda el hielo, recuerda a quien lo llevó al pueblo, a los gitanos… Melquíades Adriana, Melquíades…Adriana…

Segundo dato: “Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. (…) Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo: “tas”. Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: tas. Así estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó la alarma por haber olvidado hasta los hechos mas impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explicito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaron los valores de la letra escrita”.

Vivir Adriana, en esta realidad escurridiza siempre día a día, mes a mes, año a año, siglo a siglo, capturada momentáneamente por las palabras. Nuestros padres nos dan las palabras Adriana, el método, pero ¿Acaso ha llegado ese fatídico momento en que la humanidad completa ha olvidado el valor de la letra escrita?

Tercer dato fundamental:
“José Arcadio Segundo no habló mientra no terminó de tomar el café.
-Debían ser como tres mil- murmuró.
-¿Qué?
-Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación.
La mujer lo midió con una mirada de lástima. “Aquí no ha habido muertos”, dijo. “Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo.” En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: “No hubo muertos”. Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre.

A Macondo, donde estoy ahora Adriana, fumándome este cigarro y tomándome este café, ha llegado el olvido irremediable, la letra escrita ha perdido todo su valor, mis padres, mis primos mayores me dieron el método y la palabra, pero ya nadie entiende las palabras, ya nadie lee las palabras, ya nadie les da un valor… Melquíades Adriana, Melquíades…

Cuarto dato final, nuestra redención que mata tus miedos y los míos: “Aureliano no había sido más lucido en ningún acto de su vida que cuando olvidó a sus muertos y el dolor de sus muertos y volvió a clavar las puertas y ventanas con las crucetas de Fernanda para no dejarse perturbar por ninguna tentación del mundo, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos entre las plantas prehistóricas y los charcos humeantes y los insectos luminosos que habían desterrado del cuarto todo vestigio del paso de los hombres por la tierra, y no tuvo serenidad para sacarlos a la luz, sino que allí mismo, de pie, sin la menor dificultad, como si hubieran estado escritos en castellano, bajo el resplandor deslumbrante del mediodía, empezó a descifrarlos en voz alta. Era la historia de la familia, escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias.”

No había sido más lucido que cuando olvido a sus muertos…Qué quiere decir esto Adriana, amiga mía, qué quiere decir…Se me ocurre ahora, con el viento tibio de esta tarde triste y alegre, que hay cierta epifanía en el olvido, en ese olvido del pueblo, que tu angustiosamente con y en tus palabras tratas de detener, de frenar. Si han perdido el valor de esas palabras, si han olvidado las imágenes, las figuras, los hechos, los muertos, entran entonces en un espacio lumínico, donde todas las cosas, los hechos, todas las palabras, todos los muertos, se presentan diáfanos y simultáneamente. Adriana, esto es poesía, pero no es mentira. Que el valor de cambio y el de uso, la ley del valor no responderán jamás a este problema de la vida. Pero sí la poesía, si esta monumental Novela, que no es sino nuestra Biblia, nuestra Torah, nuestro Nuevo Testamento, nuestro Corán…

Hay un pergamino, palabras Adriana, pero en sánscrito, son meros signos, especies de jeroglíficos para un pueblo momentáneamente sin memoria racional, Melquíades, Adriana, Melquíades en el útero…Y es la mamá la que entrega la clave, el padre meramente el método y las palabras, la lengua materna entrega la clave Adriana… Al centro esta la clave materna, a su derecha El Emperador, a su izquierda la Fuerza…

Melquíades, sólo debemos encontrar el pergamino, pero solamente lo encontraremos, justamente después de la pérdida del valor de las palabras, después de todo el olvido de nuestra niñez y de nuestros muertos, después del torbellino. Adriana amiga mía, no temas más, no lo hagas, no sufras sobre el dolor de la vida, porque ella requiere esto: pelotón de fusilamiento, recuerdo, pérdida del valor de las palabras, padre método, olvido de la niñez y de los muertos y un pergamino en lengua materna donde está la verdad y la nueva vida.

Y es que ese pergamino, es el ser de las cosas inmutable, su núcleo sagrado, nunca olvidado, más allá de las palabras y de las ideologías como explicación racional, porque el pergamino Adriana, está presente de verdad, y no es magia, es la marca indeleble a sangre y fuego timbrada en nuestra memoria histórica, como inconsciente colectivo, aunque a veces no esté presente en la petit historia, como conciencia personal y social y en un lenguaje que ya no sirve para desentrañarlo.

Los que nos han hecho sufrir en este tiempo y espacio, como aquellos que han hecho sufrir a otros en su tiempo y espacio a nombre de cualquier ideología racional, van perdiendo la memoria y los dominados de siempre, esta estirpe nuestra, condenada a cien años de soledad va expropiando y acumulando la memoria, como un pergamino en sánscrito, escondido en el cuarto de Melquíades, por donde por los siglos de los siglos, no pisará pie humano y en donde crecerán plantas prehistóricas y luminosas y salvajes criaturas. Debemos pasar por la vida con sus sufrimientos y dolores, con sus palabras muertas y olvidos para llegar a la vida verdadera, a la Jerusalén prometida, como novia engalanada.

Siempre tuyo Melquíades, Adriana, Melquíades…

Fesal Chain
Poeta, narrador y sociólogo

Memorias y desmemorias de un estudiante de arqueología de fines de los 60 y comienzos de los 70

Memorias y desmemorias de un estudiante de arqueología de fines de los 60 y comienzos de los 70

José Berenguer R.1

“Recordar es siempre olvidar algo” – Pierre Nora

Llegué a estudiar Arqueología a la Universidad de Chile en 1967, cuando la carrera no era todavía una licenciatura en su propio derecho, sino una suerte de especialización o variante de la Licenciatura de Historia. Para ingresar, había que tener cursados al menos dos años de otra carrera universitaria y yo venía de la Escuela de Arquitectura. Ese año se había producido la Reforma Universitaria, de manera que en esa escuela yo había vivido el antiguo régimen y acá, en el Pedagógico, experimentaba el nuevo. Con ojos de veinteañero, notaba que ahora los profesores eran más cercanos, los programas de estudio menos rígidos y la asistencia más flexible, tanto que uno no solo podía trabajar, sino, además, estudiar más de una carrera a la vez, como lo hice más tarde con Geografía.

Ese año de 1967 probé si Arqueología me gustaba tomando dos cursos de Prehistoria General: Paleolítico con Mario Orellana y Neolítico con Bernardo Berdicheswky. En diciembre rendí la PAA y en 1968 entré formalmente a la futura licenciatura.

Como en toda la Universidad de Chile, la matrícula consistía en el pago de un arancel fijo bajísimo, del cual uno incluso podía quedar exento, y de otro arancel optativo, para alumnos de situación socio-económica más alta. Como estudiábamos en la Sede Oriente (conocida como “El Pedagógico”), la izquierda dominaba sin contrapesos. Internacionalmente, nos tocaron los años de Lyndon Johnson y Richard Nixon, marcados por la lucha por los Derechos Civiles en los EE.UU., el movimiento hippie y las protestas contra la Guerra de Vietnam en todo el mundo.

Aunque residíamos todavía, en gran parte, en “la aldea local”, en 1967 lamentamos la muerte del Che Guevara en Bolivia, seguimos atentamente la revuelta universitaria de mayo del 68 en París, y quedamos perplejos con la represión soviética de la Primavera de Praga. En Arqueología, la gente rara vez manifestaba en forma abierta su afiliación política. Uno intuía que tales o cuales alumnos o profesores, eran de tal o cual tendencia o ideología, pero nunca se iba más allá de esto. Tampoco importaba mucho. En esos años la Arqueología corría por un carril apolítico, lo que era toda una anomalía en el politizado campus de Macul. Esa época de brisas primaverales (1968-1971) fue -me imagino- la que Mauricio Massone caracteriza como “pastoril”, refiriéndose probablemente a la inocencia con que disfrutábamos de nuestra condición de estudiantes, de las animadas discusiones en el casino y de los largos reposos en los sombreados prados del Pedagógico. Aun así, algunos participaban en asambleas estudiantiles, en manifestaciones callejeras contra el gobierno de Frei Montalva, o en campañas de ayuda a damnificados por el desastre natural de turno. Eran, para bien o para mal, tiempos de inusitado optimismo en todas partes, tanto que probablemente fuimos la última generación que se creyó capaz de cambiar el mundo.

Culturalmente, estábamos bajo la influencia del cine francés, italiano e inglés, principalmente. La TV no jugaba un papel tan importante como ahora, salvo las series extranjeras que -comenzábamos a saberlo- eran la punta de lanza de la hegemonía cultural estadounidense. Las noticias de la mañana en la radio, diarios como El Clarín y La Última Hora, y ciertas revistas, como Punto Final, hicieron para siempre de nosotros una generación firmemente conectada con la realidad de nuestro país. Entre medio de nuestras lecturas políticas, leíamos con avidez a escritores que nos hablaban de siglos de soledad, de un distinguido colegio militar en El Callao o de un taco de varios meses en una autopista de Francia. Por esa época, los libros -incluyendo los textos de estudio- eran relativamente baratos y al alcance de cualquier estudiante. Después de 1973, nunca más entré a una librería con la capacidad de compra que tenía entonces. Quizás por eso mismo, no recuerdo haber vuelto a leer en forma tan intensa y sobre tan diversas cosas como en aquellos años. En un mundo prefotocopiadoras, lo que no podíamos conseguir, lo obteníamos mediante copias a carbón, esténcil o mimeógrafo. Nuestros textos de cabecera eran los de Gordon Childe, de François Bordes o de Luis Guillermo Lumbreras, y nuestros “manuales de cortapalos”, libros como La Arqueología de Campo, de Mortimer Wheeler o Cómo interpretar el lenguaje de los tiestos de Betty Meggers y Clifford Evans. Por lo demás, el Departamento se la jugaba para proveernos de una variedad de artículos de autores anglosajones que eran traducidos al castellano por Eduardo Humeres. La oferta cultural era obviamente más pobre que hoy, pero no nos perdíamos exposiciones como la De Cezanne a Miró, en el Museo de Bellas Artes, las obras de teatro del ICTUS o el Festival de la Canción Universitaria que año a año las federaciones estudiantiles organizaban en el Estadio Nataniel. En la música popular, la cosa era increíble: los cantantes, los compositores y los grupos o bandas brotaban como setas después de la lluvia. Oscilábamos eclécticamente entre la Nueva Canción Chilena, el pop latinoamericano, y el rock anglosajón. Había también una arraigada “cultura del afiche”, los que coleccionábamos y pegábamos en nuestros cuartos o en nuestros espacios en la Universidad. Primaba en nosotros la sencillez en los gustos y la austeridad en los gastos. Creo que el lema de la Revolución de las Flores, “lo pequeño es bonito”, refleja bien la forma cómo conducíamos nuestras vidas en ese entonces y tiendo a pensar que nuestra opción vocacional por la arqueología tenía algo que ver con esos valores. Hice mis primeras armas en arqueología en el sitio Loa Oeste-3 (Chiu Chiu), adonde nuestro Profesor Mario Orellana nos llevó como personal de apoyo en septiembre de 1968. La docencia estaba muy vinculada a la investigación y esas salidas a terreno eran parte del programa académico, al punto que ayudaban a completar los seis meses de trabajo de campo que se exigían para egresar. Si la memoria no me falla, cada uno debía pagarse su pasaje y, por supuesto, faltaban todavía unos 25 años para que los servicios de este tipo de personal comenzase a remunerarse en los proyectos arqueológicos. Íbamos a terreno por los requerimientos curriculares, pero, sobre todo, por el deseo de aprender, y nos sentíamos sobradamente recompensados con la experiencia que adquiríamos. De ese primer terreno recuerdo a Consuelo Valdés, Vicky Castro, Fernando Maldonado, José Pedro Reyes, Marcela Lamas, Carlos Urrejola, Carlos Maturana y Carlos Thomas. Allí, en la confluencia de los ríos Loa y Salado, clavé por primera vez la espátula en el suelo para inmiscuirme en las basuras, la vida y la muerte de un grupo de cazadores recolectores de hace unos 4.000 años. En febrero y septiembre de 1969, acompañamos nuevamente a Orellana a terreno, esa vez para alojar en el encantador pueblito de Ayquina y excavar varios sitios en la vega de Turi dejados por cazadores y grupos agro-ganaderos. Eran salidas tan hechizantes para muchachos de 20 años, que no recuerdo haber lamentado perderme las vacaciones convencionales. Cómo habrá sido de fuerte el hechizo, que sigo yendo a esa región después de 45 años. En octubre de 1969, acudimos al V Congreso Nacional de Arqueología en La Serena, donde Orellana, Carlos Urrejola y Carlos Thomas reportaron sus recientes excavaciones en la zona de Turi. Entre noches de guitarra y charango en el faro de la playa, de cenas en el Club Radical y de baile final en la sede de la Universidad de Chile de esa ciudad nortina, asistimos interesados pero entendiblemente somnolientos a las presentaciones de los arqueólogos que habíamos estado estudiando en los cursos de la carrera. Comenzábamos a identificar los ciclos y eventos que marcan la profesión, así como a quienes serían nuestros colegas años más tarde. Para el VI Congreso Nacional de Arqueología, en Santiago, en 1971, fuimos con Vicky Castro a buscar a John Murra al aeropuerto, conversamos con Luis Lumbreras en un intermedio del congreso y divisamos a Carlos Ponce Sanginés en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, todos “tapas de libro” como llamábamos a esas figuras consagradas. Fuimos testigos también de un aplauso de cinco minutos-calificado de “histérico” por Carlos Munizaga- por la refutación de un geólogo a un trabajo de Gustavo Le Paige; vimos también el desdén olímpico de este último, al retirarse de la sala contando que iba a La Moneda para ser condecorado por el Presidente Allende. Con dos cortos de pisco en el cuerpo bebidos al pasar en el Indianápolis, debuté en el Salón de Honor con mi primera ponencia: un informe encabezado por Mario Orellana con la colaboración de Victoria Castro y mía sobre las excavaciones en Loa Oeste-3.Congreso Arqueología La Serena 1971 Don Julio Montané

No obstante, el trabajo que señala nuestra inserción en la arqueología como investigadores independientes, fue el reconocimiento arqueológico que hicimos en el Alto Loa con Fernando Plaza, Luís “Che” Rodríguez y Victoria Castro mientras todavía éramos estudiantes (1972 y 1973), el que fue publicado en el Boletín de Prehistoria de Chile dos años más tarde. Creo que fue a comienzos de 1969 cuando se creó la Licenciatura en Filosofía con mención en Prehistoria y Arqueología, bajo la dirección del Grupo de Trabajo homónimo y dotada de un plantel de 13 profesores. En 1971 se fundó el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología, con un plantel académico que casi triplicaba al anterior. Ese año entró un buen contingente de nuevos alumnos a arqueología y otro todavía mayor a antropología, a los que se fueron sumando nuevos alumnos en los años siguientes. El flamante Departamento estrenó sede en Macul, frente al campus, casi al lado del emblemático restaurant Los Cisnes. Por el puesto de Director compitieron ese año inaugural Bernardo Berdichewsky y Mario Orellana, ganando este último en reñida lucha. La percepción que uno tenía de nuestros profesores es que estos estaban divididos en tres grupos, en función de los cuales se alineaban diversos ayudantes y alumnos. Uno de ellos era el de Carlos y Juan Munizaga, que funcionaba principalmente en el Centro de Estudios Antropológicos. Con la perspectiva que da el tiempo, veo ahora a este grupo como heredero de la escuela de Richard Schaedel, representando una arqueología y una antropología de cierta influencia norteamericana o anglosajona. Otro grupo estrechaba filas en torno a Bernardo Berdischewsky, quien había formado una Sociedad de Amigos de la Arqueología y cultivaba vínculos con aficionados a la disciplina. Esta faceta del quehacer de Berdichewsky, era lo más cercano a lo que hoy sería una arqueología pública o comunitaria, aunque hay que decir que su audiencia no tenía nada de popular. El grupo más dinámico era liderado por Mario Orellana, quien era muy carismático y captaba muchos adeptos en sus clases. No sé en el caso de Berdischewsky, pero en el de Orellana era muy claro que, al comienzo, participaba de una orientación europea de la arqueología relacionada con los prehistoriadores españoles y franceses. Poco después de la institucionalización de la arqueología como carrera en la Universidad de Chile, la así llamada Nueva Arqueología estadounidense, con su marcada orientación antropológica y su enfoque empírico-positivista, irrumpiría con fuerza en la investigación y la enseñanza de la disciplina en el Departamento. El nombre de la nueva unidad académica –Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología- refleja bien, a mi juicio, esta transición desde una “arqueología como prehistoria” a una “arqueología como antropología”. Tiendo a pensar que el proceso fue fruto de un compromiso entre las diferentes perspectivas de los fundadores del Departamento y de las instituciones que le dieron origen. En primer lugar, era necesario demostrar que la arqueología era una disciplina científica y pienso que la palabra “Ciencia” buscaba, precisamente, subrayar esto. En segundo lugar, instalaba la palabra “Arqueología” y no la de “Prehistoria”, lo que era todo un cambio respecto de la línea europea. En tercer lugar, incorporaba la palabra “Antropología”, lo que suponía adoptar un enfoque estadounidense de la arqueología. No obstante lo anterior, se mantenía una cierta ambigüedad, ya que, al igualar a la arqueología con la antropología en la denominación, quedaba flotando la idea de que la primera no era parte de la segunda, como ocurre en los EE.UU. Esta ambigüedad sería resuelta años más tarde (calculo que en la segunda mitad de los años 70), cuando esta denominación se cambia por la de Departamento de Antropología, denominación que conserva hasta nuestros días. Me es difícil recordar a todos mis compañeros de estudio y prácticamente imposible ubicarlos en promociones. Sólo puedo intentar una cronología relativa y con muchos signos de interrogación. A mi llegada, ya estaban como estudiantes avanzados -no sé desde cuándo- los siguientes: Carlos Urrejola, Carlos Thomas, Victoria Castro, Julie Palma, Sivy Quevedo, Jacqueline Madrid, Josefina Muñoz, Carlos Maturana, Fernando Maldonado, Fernando Saavedra, Marcela Lamas, Ismael Mascayano y otros que no recuerdo. Me parece que entre 1968 y 1971 llegaron Fernando Plaza, Iván Solimano, Carlos Aldunate, Consuelo Valdés, Rodolfo Weisner, Julia Monleón, Fernanda Falabella, Blanca Tagle, María Teresa Planella, Mauricio Massone, Rubén Stehberg, Luis Rodríguez, Roberto Flores, Mario Garretón, Adriana Goñi, Ángela Jeria y Estela Gudlevich. Con algunas deserciones y quizás con nuevas incorporaciones que no he retenido, ese me parece que fue el variopinto y multietario grupo constituido en la generación “inicial” de estudiantes de arqueología en el recién creado Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología. Dada la flexibilidad con que cursábamos las asignaturas tanto antes como después de 1971, mi recuerdo es que carecimos de promociones propiamente tales. Tengo la impresión de que cada uno fue terminando los cursos y seminarios con gran libertad, de modo que era corriente que alumnos antiguos y nuevos confluyeran en determinados cursos, sin que en esos tiempos fundacionales sea posible hablar de “primer año”, “segundo año”, etc. Las tesis de Luis Rodríguez en 1975, mía ese mismo año y de Rubén Stehberg en 1976, fueron los primeros brotes de esa siembra inicial. 1971 puso término a la dorada época de los 60 en nuestra vida universitaria, inaugurando otra de gran efervescencia política debido a las peleadas elecciones presidenciales del año anterior. Aunque muchos alumnos del recién fundado Departamento siguieron manteniendo en reserva sus preferencias políticas, con Allende como Presidente los estudiantes izquierdistas del Departamento empezamos a expresar más abiertamente nuestra orientación ideológica. Vivíamos, sin embargo, una bochornosa contradicción: éramos alumnos de uno de los departamentos percibidos como más “reaccionarios” (era el lenguaje de la época), en medio de unos de los campus más “revolucionarios” (ídem). En esos años de chalas, lanas, patas de elefante y pelos, muchos pelos, soplaban bellos aires de libertad, igualdad y fraternidad, pero hay que reconocer que el ambiente en el Pedagógico era lejos más jacobino que girondino. En los foros y asambleas, era común que la masa no dejara hablar a los adversarios políticos, tampoco a los partidarios demasiado moderados. Con ese clima de polarización, no es raro que 1971 señale el comienzo de la división política en el Departamento. En la práctica, se fue produciendo un distanciamiento con aquellos compañeros y compañeras de estudio que no compartían nuestras ideas, aunque la amistad se reanudó no mucho después del Golpe Militar, si es que alguna vez se interrumpió. En sintonía con la época, muchos alumnos nos fuimos interesando más en la arqueología como una “ciencia social comprometida con la realidad” (otro cliché de aquel tiempo), que en aprender a hacer buenas excavaciones, buenos análisis de laboratorio y buenos informes de sitio. Con el anatema de “arqueografía”, condenábamos lo que considerábamos pura descripción, reclamando un mayor énfasis en la interpretación. Fruto de esa insatisfacción y obviamente del crispado clima político que se iba imponiendo en el país, nuestro Frente de Izquierda -encabezado por Roberto Flores, Adriana Goñi, Sergio Martinic, Marcelo Arnold y el que escribe- programó en 1972 y 1973  talleres alternativos a la grilla académica oficial. Se trataba de cursos y charlas sobre Materialismo Histórico (Felipe Bate), sobre Arqueología Social (Luis Lumbreras) y sobre otros temas similares, realizados los sábados en la mañana (!) en diversas salas del Pedagógico o en la casa de alguno de nosotros. Recuerdo especialmente una concurrida charla de Lumbreras en el living de la casa de Ángela Jeria. Al llegar, nos salió a abrir la puerta una agraciada niña de pelo largo, liso y rubio, con unos grandes lentes ópticos, misma que 33 años más tarde ocuparía la más alta magistratura del país. No lo sabíamos entonces, pero vivíamos los días finales de una era alucinante y sin retorno. Cómo no recordar, por ejemplo, ese macondiano congreso itinerante que fue el Primer Congreso del Hombre Andino (Arica, Iquique, Antofagasta), donde se propusieron arqueologías, antropologías y etnohistorias pensadas para un Chile que en menos de diez semanas nunca más volvería a ser el mismo. Regresar al Departamento después de la tormenta fue, para muchos de nosotros, una muy dura prueba. Reinaban ahora la desconfianza, la arbitrariedad y el soplonaje en el campus, y una trágica sensación de derrota en todos nosotros. Iba a ser muy cuesta arriba aceptar las lecciones de la realidad. Pero esa ya es otra historia.

Santiago, 30 de junio de 2014http:/https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1285091564475&set=a.1285091524474.42236.1145718297&type=3&src=https%3A%2F%2Fscontent-mia1-1.xx.fbcdn.net%2Fhphotos-xtp1%2Fv%2Ft1.0-9%2F1916462_1285091564475_2053687_n.jpg%3Foh%3D6bbadac66d6ab2e6c0b20fea029bdf8d%26oe%3D567FA9A0&size=370%2C476

1  1 Museo Chileno de Arte Precolombino, Bandera 361, Santiago. E-mail: jberenguer@museoprecolombino.cl

Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología Número 43/44, 2014, páginas 67-71 68

Recuerdos de un alumno de arqueología perteneciente a la generación de 1971

Recuerdos de un alumno de arqueología
perteneciente a la generación de 1971

http://www.scha.cl/images/archivos/Boletin_SChA_43-44.pdf

Dedico estás páginas a la Dra. Grete Mostny, quién despertó en mi un profundo interés por conocer la historia de la humanidad y sus proyecciones.

Un día de marzo de 1971, Andrés Pinto y yo nos encontramos en los prados del Pedagógico y comentamos que se había formado recién el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología en la Universidad de Chile. Era el heredero del anterior Centro de Estudios Antropológicos, surgido al alero del Departamento de Historia. El nuevo departamento partía con la licenciatura en Arqueología en su plan antiguo. Con Andrés éramos compañeros de estudio en el departamento de Historia, cursando el segundo año la carrera de pedagogía y coincidimos en la decisión de querer cambiarnos a la licenciatura en Arqueología. El futuro laboral parecía muy lejano e incierto para un posible arqueólogo, pero nos dijimos que estábamos dispuestos a correr el riesgo, dado que sentíamos un fuerte llamado vocacional.
Pedimos el traslado a la carrera de Arqueología e iniciamos el primer año, creo que en el mes de abril. Nuestros compañeros tenían distintas edades y procedencia, algunos incluso ya habían terminado una carrera universitaria, pero pronto formamos un grupo bastante unido. Constituimos el primer curso oficial del Departamento. ¿Quiénes éramos?: Blanca Tagle, Raúl Cid, Carlos Aldunate, Rubén Stehberg, María Teresa Planella, Ximena Navarro, Antonia Benavente, Patricio Urquieta, Carlos Maturana, Susana Legradí, Ana María Barón, Rosa Peña, Rodolfo Weisner, Alejandro Durán,Javier* (no recuerdo su apellido y más tarde dejó la carrera), Andrés Pinto y yo. En algunos cursos fuimos también compañeros con Iván Solimano.

JDC Día DD DD 2011
Nuestros referentes eran los alumnos avanzados. Algunos de ellos ya estaban próximos a terminar la carrera porque habían iniciado a tomar cursos de Arqueología y Antropología unos años antes en el Centro de Estudios Antropológicos o en otras unidades del Departamento de Historia (Victoria
Castro, Carlos Thomas, Carlos Urrejola, Julia Monleón, Silvia Quevedo, Luis Rodríguez, José Berenguer, Consuelo Valdés, Fernanda Falabella, Ángela Jeria, Fernando Plaza, Adriana Goñi, Marcela Lama, Jaqueline Madrid, Josefina Muñoz, entre otros) Algunos de ellos ya eran ayudantes y los mirábamos con respeto. Con Pepe Berenguer, Ángela Jeria y Nano Plaza alcanzamos a ser compañeros en algunos cursos. Fernanda Falabella, que también había pasado un tiempo en el departamento de Historia y en el Centro de Estudios Antropológicos, después de una permanencia en el extranjero se incorporó a nuestro Departamento de Ciencias Antropológicas en 1972 y fuimos compañeros en un buen número de cursos.
En 1971, algunos de nosotros comenzamos a frecuentar la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural. Un día le manifesté a mi profesora, la doctora Grete Mostny, el interés que sentía por asistir a leer y a conocer las colecciones arqueológicas del Museo. La doctora Mostny me recomendó a don Julio Montané, quién me recibió muy cordialmente. Me presentó a Eliana Durán, con quien compartiríamos después varios años de grato trabajo conjunto, en torno al estudio de la cultura Aconcagua. Conocí también a Julie Palma, Patricio Núñez, Marcelo Garretón y Nieves Acevedo. De inmediato me dejó como pupilo de Julie que me guio con dedicación en los primeros pasos por las colecciones del Museo. Como primera actividad me llevó a ver la antigua sala de Prehistoria de Chile, en el segundo piso. La primera vitrina que conocí fue la de Cueva de Fell, con la secuencia cultural de 11.000 años, establecida por Junius Bird. Fue como una premonición, que años después me llevaría a seguir sus huellas en la Patagonia austral.
Durante los días sábado escuchábamos con atención en el Museo las amenas tertulias de Julio Montané, con Hans Niemeyer, Virgilio Schiappacasse y Felipe Bate, sobre los más variados temasantropológicos. Don Julio era el anfitrión y entre sus temas favoritos estaba el del rol social de la arqueología, pero además paseaba su sabiduría por muchos temas de arqueología americana, demostrando que era también un gran lector. Aprendimos mucho de esas tertulias.
Mientras tanto, el plan antiguo de Arqueología, en la Universidad, comenzó con cursos de duración anual, pero el Director del departamento, don Mario Orellana, nos informó a poco andar que se estaba estudiando la necesidad de impulsar un plan nuevo de estudio a partir de 1972, con una
licenciatura que contaría con un plan básico inicial y dos menciones, en Arqueología y en Antropología Social. Los cursos serían de modalidad semestral. Los alumnos del plan antiguo, “nosotros”, que todavía nos sentíamos unos pollos nuevos, podríamos adecuarnos al nuevo sistema.
Con el trascurso de los meses la situación política del país se iba polarizando progresivamente y en ese contexto el Instituto Pedagógico, centro pensante y crítico por naturaleza, vio aumentar la temperatura y los enfrentamientos verbales, entre distintas tendencias de opinión.
En ese ambiente, los estudiantes del departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas nos tomamos el departamento por varios días, solicitando una discusión abierta sobre el rol de la Antropología en Chile y la discusión de la futura orientación que debería tener el nuevo plan de estudio. Eso creo que ocurrió en la segunda mitad de 1971. El director, Mario Orellana, de personalidad fuerte, aceptó el desafío y en su calidad de director del Departamento convocó a una convención para discutir múltiples temas.
La convención duró una semana o un poco más, período en que sesionamos a puertas cerradas. Profesores y alumnos confrontamos ideas, con fuerza pero con total respeto y con un elevado sentido académico. Para nosotros fue una experiencia enriquecedora. Se discutió si la Arqueología debía ser considerada parte de la Antropología, o parte de la Historia, o una ciencia independiente. Cual debía ser el rol social de la Antropología en una sociedad que estaba viviendo un profundo cambio revolucionario. Se habló de la arqueología versus la arqueografía, de la relación entre las ciencias humanas y las ciencias naturales; de los nuevos planes de estudio y su orientación.
Bernardo Berdichewsky, Mario Orellana, Carlos Munizaga, Alberto Medina (mi querido profesor de tesis, años después), Juan Munizaga, Hans Niemeyer, George Serracino y otros profesores daban su opinión, discutían algunos puntos entre sí y respondían a las preguntas incisivas de nuestros dos representantes estudiantiles más locuaces: Roberto Flores, el presidente del Centro de Alumnos (que venía del departamento de Historia, donde seguía estudiando en forma paralela pedagogía) y Luis Rodríguez, el Che Rodríguez (el primer alumno titulado del departamento, más adelante). Ellos eran nuestros teóricos para hacer frente a los profesores. Los demás escuchábamos con bastante timidez pero con mucha atención esas largas y enriquecedoras
sesiones, donde aprendimos mucho. Pese al fragor de los discursos se podían confrontar ideas con alturas de mira, en un verdadero ejercicio democrático.
1971 fue también el año del VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, que se realizó en la Casa Central de la Universidad de Chile, Santiago. Fue un Congreso muy polémico, donde las banderas políticas de distintos colores se agitaron durante las ponencias y las discusiones. También se criticaron los respaldos teóricos y metodológicos de ciertos trabajos expuestos. Pero finalmente fue nuestra primera experiencia como alumnos oyentes, que asistíamos a la presentación de ponencias en un congreso de Arqueología. Allí conocimos además a destacados arqueólogos de países vecinos como Luis Guillermo Lumbreras, Juan Schobinger y Carlos Ponce Sanginés y al etnohistoriador John Murra. Recuerdo que tanto Lumbreras como Murra desplegaban un fuerte magnetismo al hablar, que cautivaba a la audiencia.
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Mencionaré dos pequeñas anécdotas para graficar el ambiente que se vivía ya al año siguiente, año 1972, habiéndose implementado el nuevo plan de estudios, con alumnos de arqueología y los que optarían por la especialidad de Antropología Social, ya incorporados.
Mario Orellana decidió dictar un seminario voluntario los días sábado en la mañana en el Departamento de Antropología, sobre el pensamiento de Teilhard de Chardin (El Departamento ocupaba en ese tiempo la casa que hoy corresponde al cuerpo de bomberos, situado frente al Pedagógico). A la misma hora, Felipe Bate impartía al frente, en el Pedagógico, un curso voluntario sobre Materialismo Histórico. Algunos compañeros iban al seminario de Teilhard de Chardin, otros asistíamos al curso de Materialismo Histórico. Evidentemente, el día lunes en clase de Teoría y Método las diferentes visiones teóricas generaban discrepancias.
Otra imagen. En el Departamento (que en algún momento pasó a llamarse Departamento de Antropología), se formó un núcleo de jóvenes socialistas, constituido por Roberto Flores, su dirigente, Adriana Goñi, Marcela Lama y yo. Éramos cuatro y hacíamos lo que podíamos para expresar nuestras ideas políticas. Sin embargo, en forma paralela se creó un pequeño
núcleo más rupturista, de características muy especiales. No recuerdo el nombre del núcleo. Pero estaba conformado por Juan Carlos Skewes, su polola y una amiga. Eran solo tres, pero su presencia en el departamento marcó época. Juan Carlos, era su líder. Muy pronto instalaron un diario mural que actualizaban casi todos los días con información novedosa; reflexiones e ideas críticas sobre distintos temas sociales y culturales, para hacer pensar. Su contenido siempre era muy llamativo, y todos nos acercábamos a leerlo. Pese a las diferencias políticas, que no eran tan abismales, nos hicimos muy amigos con Juan Carlos Skewes, una persona muy valiosa y creativa y terminamos compartiendo en el café Los Cisnes y posteriormente, cuando trabajamos en un proyecto sobre el impacto de la sequía en el Norte Chico, dirigido por don Juan Munizaga, invitamos a Juan Carlos y participó con nosotros en un terreno realizado en el sector de San Lorenzo al norte de Ovalle.

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Este era el ambiente que se vivía por esos años en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile. Del Departamento de Historia y Geografía, traíamos la práctica del “pastoreo”, la alegría de los prados del Pedagógico (que habían acogido a largas generaciones de destacados pensadores, investigadores y pedagogos). Traíamos los aires renovados como consecuencia de la Reforma Universitaria de los años precedentes, la “revolución de las flores” y sus consecuencias, los cambios en la música, el movimiento literario latinoamericano que lo situaban como un gran movimiento cultural para mostrar y soñar la América mestiza. Algunos también traíamos el sueño socialista para un Chile más igualitario, por lo que considerábamos eran necesarios cambios profundos.
Pero también traíamos la visión de los historiadores, la percepción de la Paideia que sintetizaba los ideales de los antiguos griegos, la rigurosidad en el análisis crítico de las fuentes documentales, de profesores como Genaro Godoy, Sergio Villalobos y otros. La geografía humana, la geografía física, la geomorfología, constituían nuestras fuentes para acercarnos al conocimiento del paisaje, con profesores como Pedro Cunill, Eusebio Flores, Rómulo Santana, Reinaldo Börgel y José Araya. Las reflexiones filosóficas de Humberto Giannini y de Armando Cassigoli también nos habían impregnado.
En el departamento de Antropología incorporamos la visión antropológica con don Carlos Munizaga y Juan Munizaga. Grete Mostny, Mario Orellana, Bernardo Berdichewsky, Alberto Medina, Hans Niemeyer y George Serracino, entre otros, nos enseñaron sobre prehistoria y arqueología. Osvaldo Silva nos mostró la perspectiva de la ecología cultural.
En síntesis, aprendimos de todos ellos que los contextos arqueológicos encierran complejos y variados códigos que permiten reconocer y reconstruir los procesos sociales en su dimensión histórica, antropológica y ambiental. Empezábamos a preguntarnos por tanto como conciliar de la mejor forma estas dimensiones, como parte de una comprensión integral, sin perder el foco de lo arqueológico.
Pero entre los años 1972 y 1973 nuestra sociedad terminó por polarizarse hasta el extremo más peligroso y esa polarización permeó también a la Universidad. Como sabemos, por la dura experiencia vivida a partir del 11 de septiembre de 1973, las cosas cambiaron para todos. Terminamos nuestra carrera y nuestra tesis durante los años de penumbra…y cuando despertamos nuevamente a la democracia, después de 17 años de dictadura, Chile ya era otro Chile, el Instituto Pedagógico había sido duramente golpeado y ya no pertenecía a la Universidad de Chile, y la arqueología de los tiempos más poéticos, la que nos habían enseñado varios de nuestros profesores, con su vocación templada por los años, estaba cambiando hacia una arqueología más pragmática, y más compleja, más acorde con el mundo actual.
Mauricio Massone
Concepción 14 de noviembre, 2013.

Mis Recuerdos de Esa Epoca Trenzados con los de Mauricio 

Adriana Goñi, Lic. Antropología/arqueología U de Ch.

Alguna vez escribí mi perfil en Linkedin, donde expuse mi historia desde que inicié la larga marcha en la profesión :

Anoté los siguiente:” Lic. en antropología/arqueología de la Universidad de Chile, donde ingresé en 1970, al Departamento de Historia (Pedagógico),mientras trabajaba como asistente ad honorem en la Sección Arqueología del MNHN,cuyo jefe,don Julio Montané Martí acogía a estudiantes,aficionados,científicos,académicos sin distinción alguna, haciéndonos partícipe de sus trabajos en terreno, las reflexiones,debates e intercambios de experiencias y saberes con una amistad cómplice que se perpetúa hasta el hoy.

La directora del MNHN de entonces, Dra Grete Mostny, me empuja a ingresar a la universidad y formalizar mis prácticas y experiencias.

Desde los turbulentos años setenta hasta los transicionales años noventa,fui alumna de la UCH.

Viajes,terrenos,escritos,aulas,colectivos,talleres,seminarios después me posicionan en el Siglo XXI en la antropología Virtual,donde habita el sujeto de mis investigaciones, así como
el universo social,cultural e histórico en el que estoy inmersa.

Más allá de fronteras,generaciones,ideologías y géneros, en un proyecto sin fin de nuevos paradigmas.

Especialidades: Etnografía de la Realidad Virtual
Migraciones Forzadas-comunidades Diasporicas – migraciones Latinoamericanas
Segunda y Tercera Generación de descendientes de personas afectadas por los DD HH en el Cono Sur
Diversidad-Identidad-
Memoria en la Web:
Asesoría en producción cine y documentales temática recuperación de memoria Histórica y Memoria Colectiva Cono Sur de latinoamérica.”

Fui arqueóloga hasta que los muchos años y el Colegio de Arqueólogos me marginó, dado que mi decisión de no realizar una tesis en arqueología – ya en 1993 sabía que la etnografía y la antropología serían mi quehacer- me dejó sin el título profesional, y los licenciados, al menos hasta hace un tiempo, no  eran considerados arqueólogos.

Desde el año 1969, cuando la doctora Mostny me aclara que mi intención de ingresar a la carrera de Museología, que se dictaba en el MNHN no correspondía a lo que le expresaba como mi objetivo y mi vocación – y me aconseja que termine la educación secundaria, de la prueba de Aptitud e ingrese a la carera de Arqueología- lo que cumplí, ingresando al Departamento de Historia y Geografía de la Universdad de Chile.

En mi caso, la doctora Mostny fue fundamental al orientar a esta veinteañera, con cuatro hijos, hacia un camino que recorro hasta este nuevo siglo.

La política gremial de dar a los que tenemos el grado de Licenciados en Antropología con mención en Arqueología una calidad de “miembros honorarios” y no de arqueólogos, a pesar de una trayectoria en la profesión de décadas, participando en los proyectos más significativos en la historia del país y con los más destacados profesionales chilenos y del mundo (Julio Montané en San Vicente de Tagua Tagua, Tom Dillehey en Monte Verde, William Mulloy en Isla de Pascua,Lautaro Nuñez en Caleta Huelén, en el Loa,Patricio Nuñez en el distrito Tahai, Rapa Nui, don Alberto Medina en La Chimba, Carlos Ocampo en todos sus proyectos hasta 1998  )

A partir de este nodo fundamental en mi vida académica y personal, cuando había cumplido los 24 años y mi hija , la menor de 4 se empinaba en los 2 años,inicié un camino por terrenos ásperos para una joven mujer, madre y arqueóloga, en tiempos en que las mujeres se quedaban en casa y en su horizonte limitado a tareas domésticas el escarbar huesos prehispánicos, piedras y trozos dispersos de cerámica en desiertos , pantanos e islas remotas no formaba parte de su imaginario.

Mi hija aprendió a caminar en las trincheras y cuadrículas de San Vicente de Tagua Tagua y mis tres hijos varones conocieron los cuatro puntos cardinales de Chile.

Los procesos histórico sociales que nuestro país experimentó a partir de 1973 nos llevó a mis hijos y a mí a un exilio donde fue posible conocer y aprender de antropólogos y arqueólogos transandinos, experticias y saberes indocumentados y no reconocidos en mi historia académica cuando después de cinco años retorné y reingresé a esa carrera y esa universidad que fue madrastra para tantos de nosotros.


* Javier Muñoz Fernandez, casado con Rosa Peña. Después del Golpe de Estado se cambió a la Universidad Católica, a la carrera de Pedagogía en Educación Básica. Ejerció como profesor de básica en el Colegio Tabancura por décadas. Rosa Peña, así mismo, se cambió a la PUC, a la carrera de educación diferencial.

El Pelao van Yurick y la Barbara Uribe

Nosotros, los jóvenes de los 70. Resistentes y Resilientes

Nosotros, los jóvenes de los 70

La Barbara Uribe y el Edwin Van Yurick- el Pelao, hermano del Cristian – el Flaco, y la Eugenia – la Flaca , Enrique y yo eramos un grupo desigual. 

Los 119 en frontis U Chile 30 Años

Los 119 en frontis U Chile 30 Años

Ellos eran los más jóvenes y nosotros los ancianos de 29 años. La Barbara y el Edwin esperaban su primer hijo; El Flaco y la Flaca tenían a la Panchi, de algo así como un año y medio; entre Enrique y yo juntabamos ocho hijos, (los tuyo y los míos,) los más grandes de 10 años y los menores, la Carolita  de cinco y el Harolito, de casi tres.

Pedro Pablo,Cristian V.,Cristian John;Monita,Jessica John;Carola,Harold, Juan José y yo. Octubre 1973

Pedro Pablo,Cristian V.,Cristian John;Monita,Jessica John;Carola,Harold, Juan José y yo. Octubre 1973

Estudiabamos en la Chile, en Antropología nosotros dos y Cristian. No recuerdo qué o donde estudiaban los cabros más jóvenes, pero si busco en Intenet, en las páginas donde aparecen los presos políticos torturados y las mujeres desaparecidas embarazadas lo encontraré.

El Pelao van Yurick y la Barbara Uribe

Eramos estudiantes, trabajadores y padres-madres .

Enrique entró a la Universidad mediante el programa PST,promoción superior para los trabajadores, o algo así, que permitió, durante la Unidad Popular, acceder a estudios superiores a quienes trabajaban.Cristian Van Yurick (creo venía de la U de Concepción…tengo que preguntarle, porque él sobrevivió al horror y hoy vive en Suecia con cinco maravillosos hijos y la Panchita que creo vive en Londres…).La Flaca estudiaba Historia, en el Pedagógico, como nosotros.

Tantas veces nos reunimos en casa de los padres de Cristian y Edwin, en largas tardes de conversas y onces que doña Ruth, diligente y orgullosa de sus pollos preparaba conhtenta. Don Pancho, padre anciano, nos miraba sonriente…

Se me estruja el corazón al recordar a la señora Ruth en los tiempos en que buscaba a su hijo menor y a Barbara, su nuera, con Cristian preso y ferozmente torturado. Allí la agarró el cáncer, la maldición de nosotros, que transformamos el dolor y la pérdida en muerte lenta.La voz de la Ruth en Detención de Edwin Van Yurick Altamirano y su esposa Bárbara Uribe Tamblay.

La Voz de la Ruth

Testimonio de su madre Ruth Altamirano Herarnets.

Detención de Edwin: ‘El 10 de julio de 1974, es visto por última vez por su hermano Cristian, a las 12:30 horas, desde un microbús en el sector Irarrázaval con Pedro de Valdivia. El 12 de julio, a la 1:00 de la madrugada, llegaron hasta nuestro domicilio ubicado en Cirujano Videla 1504 en Ñuñoa, cinco o seis personas vestidas de civil que se negaron a identificarse y que se movilizaban en una camioneta. Nos manifestaron que ellos habían detenido a mi hijo Cristian, a Edwin y a mi hija (nuera, Bárbara) y que no podían informar el lugar donde se encontraban. El 16 de julio esas mismas personas llevaron a mi hijo Cristian a mi casa, para que visitara a su hijita de pocos meses de edad. Le pregunté quiénes eran las personas que lo acompañaban, me contestó que ‘Osvaldo Romo es el único que identifico del grupo’. Este individuo me dijo que él había detenido a Edwin y a Bárbara, y que podíamos ir a visitarlo al presidio de ‘Tres Álamos’. Fuimos al lugar indicado, con resultados negativos. El comandante del campo nos indicó que no estaban. Con posterioridad fuimos nuevamente visitados por estas personas, acompañados de mi hijo Cristian. En esa ocasión le manifestamos a Romo por qué nos había hecho ir a ‘Tres Álamos’, en circunstancias que no estaban allá nuestros seres queridos. Nos expresó que ‘debíamos ir primero al Secretariado cuando las personas se encontraban efectivamente con visitas en ese recinto’.

Detención de Bárbara: El 10 de julio de 1974, a las 20:00 horas, llegó hasta nuestro domicilio un individuo que dijo llamarse ‘Tintín’, quien tocó el timbre de la casa y preguntó por Bárbara diciendo que traía un mensaje de mi hijo para ella. Se le invitó a pasar al interior de la casa, pero no aceptó aduciendo que ‘estoy apurado y se trata de una cosa muy corta’.

‘Tintín’ era acompañado por otras personas de civil que esperaban en una camioneta. Tres o cuatro de ellos se ubicaron frente a la casa.

Mi nuera Bárbara, interesada por saber de su esposo, salió al antejardín y desde allí fue obligada a introducirse en la camioneta, donde se introdujeron también todos estos individuos ya señalados.

El 12 de julio, dos días después de la desaparición de Bárbara, a las 3:00 de la madrugada, llegaron hasta la ‘Phototeca’ ubicada en Mac Iver al llegar a Santo Domingo, Santiago, donde mi nuera cumplía funciones de secretaria, un grupo de diez a quince personas de civil, que portaban armas de fuego, irrumpieron en el inmueble procediendo a allanarlo. Entre estas, personas desconocidas, que no se identificaron, se encontraba Bárbara a la cual increpaban e insultaban continuamente. Ella fue reconocida por el mayordomo de la oficina que pernoctaba en el lugar.

En los primeros días de la detención, mi hijo estuvo con su hermano Edwin en la casa de interrogatorio ubicada en calle Londres Nº 38. Posteriormente, Cristian fue trasladado al campamento de detenidos de Ritoque, ubicado en la provincia de Valparaíso, donde podemos visitarlo regularmente. No tenemos mayores antecedentes y noticias de Edwin.

Por nuestra ascendencia inglesa recurrimos a la embajada de Gran Bretaña, a objeto de que interpusiera sus oficios ante el gobierno de Chile. Copio a continuación el texto del oficio 13947, de fecha 18 de agosto de 1974, del Ministerio de Relaciones Exteriores en que da respuesta a su requerimiento: ‘El Ministerio de Relaciones Exteriores saluda muy atte. a la Embajada de Su Majestad Británica y tiene el honor de referirse a nota Nº 18/2 del mes en curso relativa a los señores Cristian Van Yurick, Edwin Van Yurick y su esposa Bárbara Uribe, mediante la cual expresó el deseo de sus parientes y de la Embajada, de tener conocimiento del paradero y su estado de salud.

Al respecto este Ministerio puede informar que consultadas las Autoridades Chilenas competentes, han manifestado que las personas antes mencionadas se encuentran con arresto preventivo para su debida investigación, y su estado de salud, es perfectamente normal.

Respecto a su paradero, no ha sido dado a conocer aún.

El Ministerio de Relaciones Exteriores aprovecha la oportunidad de reiterar a la Embajada de Su Majestad Británica las seguridades de su más alta y distinguida consideración. Santiago, agosto de 1974.- Hay una firma’.

Naturalmente la llegada de esta nota renovó mis esperanzas de conocer la situación de mis hijos y de mi nuera. Hasta pensé que en breve los podría ver. Sin embargo, han pasado los meses y la situación se mantiene. Edwin y Bárbara continúan desaparecidos y sobre ellos se mantienen las negativas para informarme dónde están; sólo Cristian ha sido ubicado como ya dije. Hace seis meses que lo visito en Ritoque. Mi hijo Edwin tenía 22 años de edad al momento de la detención y su esposa Bárbara también. Ambos eran muy felices’.

Pasó el tiempo y Cristian pudo venir a Chile…conocí a dos de sus hijos sueco-chilenos, a quienes luego vi en Gotemburgo como hermosos adolescentes.

Cristian, Vanja y Edwin en Chile

En aquellos tiempos como estudiantes jóvenes nos organizabamos en Centros de Alumnos, en frentes de estudiantes, en agrupaciones culturales, en partidos políticos, y todos militabamos en el MIR. Yo había ganado la presidencia del Centro de Alumnos de Antropología después de una campaña en la que Enrique y Cristian fueron activos promotores. lástima que no recuerdo quienes fueron mis oponentes, pero sí recuerdo a algunos compañeros de la escuela que marcaron en ese entonces presencia de forma importante. Cómo olvidar al Flowers!!! El Roberto Flores, de la JS, a quien decíamos el Pituto, siempre moviendose con un viejo maletín acudiendo a presentar innumerables reclamos ante don Mario Orellana, nuestro eterno director , Roberto, eficiente organizador de todas nuestras actividades.

El Flowers aún debe estar enojado conmigo porque abandoné el núcleo de la JS donde ambos militabamos para irme al MIR y con ello el Centro de Alumnos que el presidió pasó a manos mías y de mi nuevo partido. Roberto que se exilió en Perú y que tuvo un bello hijo rubio, él, que era el más moreno y mechas tiesas de la escuela.

Hoy está perdido en esta memoria que intento reconstruir.

Esos días están poblados de rostros en blanco y negro, siempre veinteañeros, siempre guapos y llenos de vida en los retratos que portan en el pecho sus madres, esposas,hijas, hermanas.

El Chanfró marcha en las calles

El Chanfró marcha en las calles

Cómo olvidar al más guapo de todos, al Chanfró de Filosofía! Alfonso Chanfreau, casado con la Erika Hennings y padre de la Natalia, con su mechón caído, con sus gestos apasionados en las asambleas de la facultad, y en los patios, donde nos hipnotizaba a todos, o en el casino al mediodía, cuando ponía en el plato de la Carolita un poco de su almuerzo…Claro, en esos días llevabamos a los críos con nosotras a clase, donde muy quietos dibujaban y otras daban de mamar a las guaguas en un acto tan natural y aceptado como el respirar.Mi hija aprendió a caminar en las trincheras de los arqueólogos y en los patios del pedagógico…y hoy hace dos años que tomó el cielo por asalto. Tambien se nos fue el Cristian John,hijo de Enrique y la Mónica- que escribió acerca de las mujeres exiliadas en Suecia, uno de los ocho que criabamos juntos.

Por esos patios pasaba apurado el pelao Carmona, padre de la Alejandra, que era nuestra mascota; a quien atendíamos felices cuando lo operaron del corazón…Ay, Pelao, te acribillaron a balazos y nos dejaste con gusto a sangre a la Lucía y a tu hija, la Eva, que resultó tambien antropóloga, que un día me dijo, ahora, hace poco, que no había podido nombrar a sus hijos con los nombres de sus padres: Lucía y Agusto, nombres cargados de oprobio para siempre.

Pelao Carmona y Lucía Sepulveda

Pelao Carmona y Lucía Sepulveda

Cruzan en ráfagas las imágenes de aquel tiempo que un maldito once fragmentó en mil vidas dispersas, asesinadas, exiliadas, tranterradas,desaparecidas, de 119 de Nosotros ,  “que fuimos parte de la generación de los años 70. O los que resistimos a la dictadura.Nosotros , en fin,somos los latinoamericanos que tuvimos entonces sobre nuestras cabezas el vuelo amenazante de la Operación Condor. Nosotros somos tambien, simplemente, los seres humanos”, como lo expresa la Lucía Sepulveda, compañera del pelao Carmona…*

Los nuestros fueron tiempos inocentes dentro de todo,  tiempos de cara a cara, sin redes sociales, sin celulares, sin Internet, cuando estar juntos era una fiesta de ideas, proyectos, solidaridad y creatividad, cuando veíamos la construcción de un mundo nuevo al alcance de la mano y los fantasmas de la DINA, del Comando Conjunto, de la CNI, de la tortura  no figuraban ni en nuestras pesadillas, porque era un mundo donde a quienes masacraban estaban en Viet Nam y los torturadores eran de otro continente; la tortura la conocíamos en los libros aderca de Africa y nuestra lucha era legitimada por una democracia que sí nos castigaba, pero en el marco de la Ley.

Hoy somos abuelos; casi todos y todas, menos el Pelao Van Yurick y la Barbara Uribe detenidos, desaparecidos, torturados, asesinados; menos el Chanfró, que desapareció en Colonia Dignidad y el pelao Carmona, acribillado en la calle. (pero no, ellos tambien son abuelos, del Víctor y el Emilio, de los niños  de la Eva el Victor, la Daniela,el Mauricio y la Natalia, que los tendran vivos por siempre, como todos nosotros)

Cristian Van Yurick y Adriana, La Reina,enero 2010

Cristian Van Yurick y Adriana, La Reina,enero 2010

Hacer la memoria propia es tan doloroso que lo evitamos durante décadas.

En estos días de luchas juveniles, de jóvenes des-.memoriados en busca de identidad y sentido, de calles repletas de gritos, bailes,murgas y represión, de escuelas y facultades en toma, de búsqueda de nuevos caminos para construir ese mundo que un día creímos tan a la mano, es imperativo que nosotros y nosotras, viejos ya históricos, volquemos nuestras experiencias, nuestras vivencias, saberes y errores en una  memoria contingente de un pasado nunca pasado que aporte a sus luchas desde la dignidad de combatientes que fuimos contra la dictadura y la pos dictadura que intentó borrarnos de la Historia.Mujeres MIR casa Lucia 2014la Historia.

Acá estamos, somos lxs mismxs. Presentes, ahora y siempre.

Para ustedes, Fernanda, Omar,Darwin, Jose Miguel, Manuel, Luciano, Rodrigo amigos,compañeros  y relevos.

Para ustedes, mis semillas, Sebastian, Vicente,Nicolás; Bea, Juan Pablo y Matilda; Jose J, Paula y Manuela;Amanda, Antonia y Tomás y para los hijos de sus hijas e hijas…

Adriana Goñi.

* 119 de Nosotros.Lucía Sepúlveda Ruiz,LOM,2005

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