70 años con mi memoria a cuestas.

70 AÑOS DE MEMORIA
Adriana Goñi
20 julio 2015

Vivir largos años es haber sido testigo y protagonista de cambios profundos en todos los aspectos de nuestras vidas. Es haber pasado de espacios privados y públicos donde nuestros derechos y libertades eran restringidos y escasos a vivir otros en que nuestras voces se expresan con la fuerza enorme de lo colectivo y es haber transitado desde lo doméstico a lo público modificándose los roles que la sociedad nos impuso un día a los roles que por opción hemos hecho nuestros.

NACÍ EN LO MÁS PROFUNDO DEL INVIERNO DE 1944, cuando  agonizaba en Europa  la II Guerra Mundial y en Chile gobernaba Juan Antonio Ríos, presidente cuyo nombre solo me suena a alguna calle de mi país.

Vista de la calle Juan Antonio Ríos, rodeada de edificios de departamentos, hacia 1960

Vista de la calle Juan Antonio R,1960.

Hoy no puedo usar mi apellido vasco porque de alguna manera me robaron la Ñ…
Gabriel González Videla, (cuando yo era una niñita de dos años, Papá,Mamá y yo. Feb 1946 (1 año 9 mesesmi padre que fue marino estudiaba derecho y era Secretario de la Juventud Conservadora y mi abuelo era, o iría a ser, General de la República ) se transforma en el presidente radical, que según aparece en textos de la librería del Congreso de estados Unidos incorporó a liberales en su gabinete, junto con los radicales y los comunistas, el brebaje ministerial más exótico que los chilenos habían visto en su vida, perseguía, encarcelaba y torturaba a los miembros del Partido Comunista de Chile.

Hoy veo en  TVN  a jovenes comunistas en la bancada parlamentaria ; veo homenajes en la CNN al desembarco en Normandía y recuerdos de los campos de concentración nazi en el History Channel   y a un presidente de USA de raza negra, cuando aún recuerdo a un Martin Luther King, un Malcom X asesinados…
Vi a mis 15 años a Fidel entrar triunfante en La Habana,

también lo vi en Washington ante el monumento a Lincoln.. y hoy aparece en las pantallas de TV como un abuelo sabio, flaco, sonriendo y reflexionando…y este 20 de julio se abre la Embajada de Cuba en USA…http://http://edition.cnn.com/videos/spanish/2015/07/20/cnnee-vo-cuba-flag-new-embassy-in-washington.cnn
Vi llegar al Hombre a la Luna, morir a seres humanos por VIH, viví la dictadura de Pinochet y la de Videla. Viví detención y exilio, fracturas familiares, perdí amigos, compañeros, profesores y colegas; renací mil veces y formé parte de cientos de comunidades, redes y colectivos.


Hoy veo en televisión morir cientos de personas en el Mediterráneo, veo en la TV por cable españoles añorando a Franco, veo Vietnam dividido en dos países, veo a Corea del Norte y otra del Sur y veo documentales que muestran países que cuando nací no existían .
Hoy converso con mi madre nonagenaria en las redes sociales y con mis nietos y nietas intercambiamos en línea vía whatsapp imágenes de gatos, tatuajes, memes y emoticones; hoy converso por Internet con amigas que viven en Nepal; con amigas mapuche en Holanda; hoy veo a los amigos de mi padre en la FIFA encarcelados; Juan Goñi S , Joao Havelange y Príncipe Faisal. 1978hoy padezco una enfermedad que solo se conoció en los años 90 y mi cuerpo es portador de placas de titanio…Fibromialgia, enfermedad invisible
Escucho hablar a un Papa argentino en Bolivia – un día supe que el Che moría allí en la guerrilla- y Bolivia aún no tiene acceso soberano al Mar…
Nació en mi tiempo de vida el MIR en Chile y a 50 años de su nacimiento – con sus militantes muertos y recordados solo por otros militantes – desapareció del imaginario colectivo de mi país después de haber abierto a miles de pobres del campo y la ciudad un camino diferente para tomar el cielo por asalto.

Memorial del MIR en Villa Grimaldi, 2008

Memorial del MIR en Villa Grimaldi, 2008

Yo que un día excavé en un sitio donde el hombre vivió hace 35.000 años,  Monte Verde, Chile, hoy investigo cómo se relacionan los seres humanos en la ciber sociedad y cómo las pantallas luminosas de distintos dispositivos condicionan nuestras vidas.

Logo dedo Dios y mecanicoo

Y asílo viví yo, y todo forma parte de la maravillosa experiencia de haber sido testigo presencial y  en ocasiones protagonista de  sucesos que cambiaron el mundo en los dos siglos que me vieron nacer, crecer, y envejecer .

El Anciano. Angel Pasos

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Contrapunto Ciudadano

http://www.tribunadelbiobio.cl/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=7899&Itemid=99

escrito por Angel Pasos   
domingo, 01 de diciembre de 2013

Eran las dos de la tarde de un sábado de noviembre. Yo pasaba el tiempo hojeando libros de segunda mano. Hacía sol, pero la cara se me estaba quedando helada. A esas horas la calle estaba concurrida. Yo tenía en las manos un hermoso libro de dibujos que no podía pagar, cuando oí un gemido a mi espalda. Me volví.

Era un hombre mayor, quizás de ochenta años. Arrastraba una bolsa pesada. Daba pasos muy cortos. Dos pasos pequeños y después se paraba a intentar respirar.

Muy despacio, como un hombre perdido en un desierto que llega a un pozo de agua, se acercó al dependiente de una caseta.

– Perdone – dijo con un hilo de voz-  ¿compra usted libros? y con mucho trabajo le acercó la bolsa unos centímetros hasta sus pies.

– No, yo ya no compro libros – respondió el dependiente-, con esto de la crisis todo el mundo vende libros; estamos saturados.

– Por favor -dijo el viejo-, vengo desde Carabanchel arrastrando esta bolsa. Son buenos libros.

– Pruebe usted en aquella caseta de allí,  – el hombre señaló al final de la calle.

El anciano miró la calle cuesta arriba como el hombre que busca un horizonte oculto detrás de las montañas. Respiró hondo y trató de avanzar. Le vi dar cuatro pasos arrastrando la bolsa, y de nuevo se volvió a parar. Luego dos pasos más. Estaba exhausto. Parecía que iba a derrumbarse. El anciano había conseguido llegar hasta allí, pero ya no podía seguir.

– Perdone, caballero, ¿me permite que le ayude a llevar sus libros?

Doblado por el peso de la bolsa, me miró desde abajo. Tenía unos ojos claros, brillantes; unos ojos alegres impropios de su edad. Parecían lagos llenos de agua.

– Muchas gracias – me respondió bajito.

Le acompañé despacio calle arriba. Me contó que él, hacía muchos años, también fue librero, y que en uno de estos puestos trabajó mucho tiempo.

– Ya ves – me dijo en una de las paradas para que tomara aliento-. Toda la vida trabajando, y ahora, a mi edad, tengo que verme así.

Yo le miraba y pensaba en mi padre, que cuando murió debía tener más o menos su edad. No sé bien porqué, pero pensé que igual se conocieron porque mi padre se pasaba la vida entre estos puestos. Fue como si les viera hablando de libros una mañana cualquiera de invierno. Me imaginé a mi padre, con un par de libros bajo el brazo. Fue como un fogonazo. Sentí un escalofrío.

Pensé que si mi padre viviera podría estar ahora igual que él, pensé en mí mismo el día de mañana, sin futuro, sin dinero, sin familia o amigos. Sin ninguna esperanza ni ayuda, rodeado sólo por mis libros. Pensé en todos nosotros, en nuestra sociedad, en lo que nos habíamos convertido. Sentí una profunda amargura. Ningún anciano debía quedarse solo nunca.

Miré alrededor: la gente seguía con sus vidas ajena a todo esto.

Todo era un sin sentido.

Seguimos caminando calle arriba. Liberado del peso de la bolsa parecía encontrarse algo mejor. El anciano me contó que ahora su casa estaba vacía, que vivía solo, rodeado de un montón de libros viejos que ya no le servían de nada. Pensé en su soledad, pensé en la mía. Pensé en nuestro futuro.

Lo dejé junto a un puesto. Lo último que le oí decir mientras me iba fue:

– Por favor, son buenos libros… Por favor, vengo desde Carabanchel, arrastrando esta bolsa…

Nadie compró sus libros.

 

Ángel Pasos