CHILE: recuerdos de una sociedad en transición: LUCIANO CRUZ.

JUEVES, JULIO 11, 2013

Por gente como Luciano y Martine sigo con la msima profesion y por el mismo camino que empecé cuando el Che era Ministro de Industria, creo, en Cuba( 1961) .Pero siempre le critiqué que no se ocupuba de los problemas especificamente femeninos, y asi decidi asumir yo esa lucha. En eso estoy.todavia, y con ello alumbro mi existencia de hojalata. 

CHILE: recuerdos de una sociedad en transicion: LUCIANO CRUZ.

Histórico momento en que varios pacos del Grupo Movil de Concepcion tratan de reducirlo,durante una manifestación estudiantil. Fue la primera vez que lo vi, cuando esta foto parecio en El Mercurio de Santiago.

En la foto, con su hijita Alejandra, ‘La Chicoca’, de su pareja penquista, y mi ex estudiante de la Universidad e Concepción,Gloria.

Entierro del dirigente estudiantil del MUI y miembro del CC del MIR Luciano Cruz,Aguayo, muerto a los 27 años de edad, el 14 de agosto de 1971.
La corona de flores del Movimiento de Pobladores Revolucionarios es llevada por Villalobos y Víctor Toro.
Foto tomada de la cuenta de Hector Eyzaguirre en Facebook.

Algunos detalles sobre la vida del Lucinano Cruz, en
Luciano Cruz

La Canción de Luciano

Patricio Manns

Al paso de Luciano
Lloran las pergoleras
Y así cubren de pétalos su muerte interminable,
Su vida interminable, su reloj detenido
Pero que, mudo, marca
Las horas que anunciara,
La terca y fría hora
Que el pueblo ató a su mano
Para que floreciera
La lucha de Luciano.
Vuelve en hueso, en frío, en un caballo,
En un beso, en una quemadura.
Es de acero, de aire, de ceniza, y,
Todo despierto, viene a seguir.
¿quién le amarra sobre el mapa?
¿quién destroza su retrato?
¿quién silencia su palabra?
Luciano al regresar
Se descerraja en luz,
Destapa la verdad,
Revienta con su mano los alambres del temor,
Respira en cada boca para la revolución.
Vuelve armado de agua y viento,
A velar los sueños vuestros,
A encender los sueños muertos.
¡ábranle!
¡ábranle!
¡ábranle ya!
Al paso de Luciano hay pueblo innumerable
Y una mujer desgarra su nombre desde lo alto.
La oscura ceremonia de la muerte le lleva
Como sombra en la sombra del rito funerario,
El rito que le alumbra,
Que el pueblo ató a su mano,
Para que floreciera
La lucha de Luciano.

Homenaje a un querido compañero, estudiante y amigo.Y a la memoria de su amante, Martinne Hugues Jouet, francesa, compañera, colega y amiga, quien se suicidó poco dias después, el 9 de agosto, dejando ua carta en la que, entre otras cosas, decia:

“Que la imagen de Luciano nunca se transforme en aval para una burocratización del partido y de las ideas revolucionarias. La imagen deLuciano no es sólo un ejemplo de lucha. Es también y fundamentalmente una cierta manera de concebir esta lucha. Todos ustedes tienen estas responsabilidad: no permitir que Luciano se transforme en un mito que traicione sus ideas.
“Ustedes que lo conocieron tanto, saben que su grandeza se expresaba
en la grandeza de lo cotidiano”.

Asi sea, Martinne.
Marta Zabaleta
Londres, 2013

At 8:52 p.m., Blogger Marta Raquel Zabaleta said…
Si, Diana. Aunque como bien decía mi papá, los duelos se llevan dentro de una/o, no en las vestimentas de luto.
Por gente como Luciano y Martine sigo con la msima profesion y por el mismo camino que empecé cuando el Che era Ministro de Industria, creo, en Cuba( 1961) .Pero siempre le critiqué que no se ocupuba de los problemas especificamente femeninos, y asi decidi asumir yo esa lucha. En eso estoy.todavia, y con ello alumbro mi existencia de hojalata. Te abrazo fuerte,
Marta

El Exilio, una cultura. Una forma de vivir, una forma de morir?

El Exilio, una cultura. Una forma de vivir, una forma de morir?

Quiero dar rienda suelta a pensamientos y sentimientos, así como a sensaciones y percepciones que aunque subjetivas, tienensu raíz en una experiencia personal que se arrastra por más de cuatro décadas. 

Aunque he sobrevivido a dos dictaduras en Latinoamérica, la de 1973 acá en Chile, y la de 1976 en Argentina, y he vivido dos etapas de exilio muy diferentes entre sí, como pueden serlo la experiencia en Buenos Aires y la  que viví por corto tiempo en Suecia, puede decirse que mi experiencia de exilio la he vivido en este país.

No hablo del tan manoseado tópico acerca del “ exilio interno“, que pienso se origina en la no participación en el proceso político, social, económico, cultural que se da en Chile. Secuela de cuarenta años de derrotas de un proyecto que era el sentido de nuestra existencia.

 

La justificación para estar vivos. 

Todos quienes bordeaban los 20 y tantos años al momento del golpe de estado en Chile en 1973, aquellos provenientes de las filas de la izquierda militante, muchos que fueron militantes de un movimiento que contaba con nueve años de existencia, aquellos estudiantes secundarios transformados en presos políticos, torturados y estigmatizados, son quienes hoy en día observan perplejos esta nuestra realidad, donde no se encaja, que nos es ajena.

Chile y sus militantes, ex militantes, simpatizantes, aspirantes, no tiene coherencia con la realidad actual.

Estas reflexiones-nostalgias pueden extenderse hasta el infinito…

 

 

Es de los chilenos que salieron y no han retornado, ni lo harán, de quienes quiero saber, conocer. No solo de aquellos que han mantenido un proyecto y una perspectiva similar a la que sostenían y adherían cuando luchaban y participaban en la patria . Todos los miembros de este conglomerado, mal llamado Región XIV ,casi como una ironía, somos parte constitutiva de una gran tela de araña, invisible y muy extensa, que une a muy diferentes personas, de edades ,actividades ,actitudes ,formación, geografía e historias, etnias, genero, proveniencia y adscripción social, e incluso lenguajes maternos propios y distintos.

Hoy, en este inicio de siglo, nos es posible navegar por estos ríos que abarcan naciones, países, continentes. Podemos, algunos, abordar un avión y reunirnos o  escuchar a través del éter al ser amado aunque nunca acariciado; o recibir imágenes y voces de criaturas que son carne de nuestra carne, pero jamás podremos abrazar. Y recibir de pronto por Internet la imagen de aquel que perdiste hace treinta años; o los poemas y pensamientos de jóvenes que apenas saben donde está Chile…Primera, Segunda y también Tercera generación de seres humanos profundamente perturbados por cambios que no eligieron, que aún no comprenden, que aún son dolores crónicos  no sanados, soterrados, inconscientes a menudo.

Esto es lo que denomino” cultura del exilio“. Lo observo objetivamente y espero, científicamente, con las herramientas de la antropología y otras ciencias sociales, con los métodos y análisis de mi percepción de la realidad, fundamentada en saberes, esperiencias y la metodología de la antropología virtual

Este” estudio“, ( cómo estudiar nuestro propio ombligo!) pienso debe ser un acto colectivo de reflexión, de intercambio, de aportes, de apertura. Desde los niños “cabezas negras” de los países nórdicos a los chilenos-kiwis de Nueva Zelanda; los doctores en disciplinas varias de México, Canadá, los impulsivos y luchadores de los Países Bajos y los solidarios de Suiza, Bélgica y Mozambique

Venezuela, Argentina, Australia, Cuba,Nicaragua, Gran Bretaña y Francia, la Alemania de hoy y el África, todos son pueblos que acogieron y aún albergan a esa parte de nuestro ser que son los exiliados.

No puedo más que escribir nombres de países desde los cuales recibo permanente retroalimentación. Cada uno de nosotros debe añadir lugares y aromas, ciudades y gentes que hoy integran su realidad.

Eso propongo, compañeros. Porque eso somos. Compañeros y hermanos en un largo camino recorrido y uno igualmente largo por caminar. Con las piernas de los hijos, hijas y nietos, que nos sobrevivirán y que quizás, solo quizás, quieran construir un proyecto similar al que entregamos nuestra juventud, madurez y ancianidad.

Nuestra identidad es fundamental para entender lo que sucedió. Para comprender este nuestro presente, multidiverso y complejo, y para intentar visualizar un futuro que responda a nuestros sueños.

A cada uno que alcance estas líneas, entrego mi permanente recuerdo, amor y fraternidad, y la certeza de que somos y hemos sido importantes en el conjunto de sucesos que marcaron los finales del siglo XX.

Un abrazo fraterno.

Adriana Goñi

Lic. Antropología U.Ch.

Generación 70-80

Abril 2006

 

 

Acerca de violaciones y culpas

Adriana Goñi Godoy
especial para G80

Acerca de violaciones y culpas

Las mujeres estamos siendo demonizadas como asesinas e incitadoras a la violación y abuso sexual por el solo hecho de despertar apetitos desmedidos en los  varones víctimas de una compulsión irresistible y animal. Triste papel para mujeres y hombres considerados en su más instintivo deseo sexual.

Si luchamos por interrumpir los embarazos en las tres dramáticas circunstancias legales hasta el año 1989- las cuales de seguro los varones padres de esos fetos inviables aprobarían y solidarizarían, así como los esposos de las mujeres con riesgo de su vida y los familiares de las jóvenes violadas- voces que no escuchamos- somos estigmatizadas y consideradas criminales arrojadas a prisión.

La primera vez que sufrí un intento de violación fue a los trece años, cuando un amigo de mi abuela con engaños me llevó a una casa donde pagó para que lo dejaran entrar a una pieza donde me encerró y comenzó a intentar arrancarme la ropa. Me salvaron en esa ocasión  mis lecturas precoces de los textos legales de mi padre abogado que me hicieron saber que era delito forzar a una menor y mis iracundos gritos amenazando con denunciar a él, a la vieja alcahueta y hasta a mi abuela…Mi culpa: ser una niña muy desarrollada, muy pechugona y quizás algo coqueta.

La segunda vez, a los 20 años, ya casada y con dos hijos, siempre pechugona y quizás algo coqueta, el tipo que debía entregarme unos pantalones hechos a la medida, en su casa-taller se arrojó sobre mí enardecido. A mis llantos, suplicas y rechazo solo dijo: “tienen que tocarme a mí siempre las histéricas”.

La última y no menos traumatizante vez fue en mi primer espacio laboral, una joyería donde con entusiasmo ejercía mi oficio de artesana en plata. Ya tenía 24 años, cuatro hijos, siempre pechugona y algo coqueta. El dueño, viejo sesentón, aprovechó la ausencia del operario que soldaba las piezas de plata y como animal se me abalanzó por detrás, provocando en mí tal desconcierto, terror e impotencia que como consecuencia sufrí la pérdida de la voz y el comienzo de una depresión que me duró mucho tiempo. Ninguna de estas veces se concretó la violación. Ninguna de estas veces fui capaz de contarlo a nadie.

En el inconsciente de esta niña- mujer que era de seguro sentí y pensé que de alguna forma debía de haber sido mi culpa.

6 febrero 2015

Adriana Goñi
@antropomemoria
Para Generación 80

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Programa El Informante. TVN 24 hrs dedicado al ex director de la DINA.

Juana Pizarro
Todos los torturadores segun Perez de Arce, son de buenas familias y muy educados; bueno los Udi y RN tambien son del mismo grupo, que coincidencia!!!. Cuando vi la arrestacion del Mamo, senti muchisima ira. Un hombre mal educado que no tenia nada de buena familia. Cuando detuvieron a mi esposo el 18 de septiembre del ’73 un poco mas de las 21 horas, deban la teleserie Los hermanos Corajes (como olvidalo), entraron a mi casa un grupo de militares con metralleta en mano; no pude pararme de mi asiento porque cuando lo quise hacer un de los milicos me apunto y me dijo: no se mueva  o si no disparo....las mujeres del Mamo salieron todas corriendo y gritando, insultando y amenazando; nosotras las mujeres de los que iba abuscar a nuestras casas no tuvimos el privilegio de detenciones televisadas y con escandalo. Que diferencia!!! y por tanto eramos de buenas familias y con mucha educacion, claro que difernte, educaciones con respeto valores y principios, que solo queriamos lo que Allende queria y fuimos duramente castigados…socializar nuestras riquezas y dar salud y educacion gratuita… Ironia!!! lo mismo que se quiere hacer en este momento y que los : “educados y de buenas familias” tratan de boicotear exactamente como lo hicieron en el tiempo de Allende, con la difrencia que no podran dar un golpe de Estado y que los tienen revolcandose como diablos en agua bendita

Los años felices. Testimonio de los 60-70

Los años felices.
Testimonio de los 60-70
Luis Rodríguez1
Llegamos a Santiago de Chile un mes de enero de 1968, Liliana Sánchez de Bustamante, mi futura esposa y yo. Veníamos de Buenos Aires a respirar « aire fresco », luego de haber pasado un año y medio bajo la dictadura de Onganía, que, entre otras cosas, había cerrado las universidades, en particular la UBA (Universidad de Buenos Aires) donde ambos estudiábamos ciencias exactas; ella Matemáticas y yo Física. Éramos compañeros, porque en el primer año todos los cursos eran comunes.
En 1967, con la UBA aún cerrada, esta organizó un sistema clandestino para continuar los estudios: Cada cátedra organizaba sus clases magistrales, dictadas por el profesor correspondiente, en la sala de reuniones de una iglesia; los trabajos prácticos que se organizaban en pequeños grupos en casa de estudiantes, con la asistencia de los ayudantes de cátedra, al mismo tiempo que se discutía la situación nacional y otros temas de política mundial, para hacernos más conscientes de lo que estábamos viviendo.
Así pasamos un año entero, estudiando pero sin obtener un certificado debidamente oficializado al terminar cada curso. Lo hacíamos por puro amor al arte y, me imagino, a la ciencia; pero la situación nos decía que teníamos que salir de ahí a estudiar a algún otro país. Finalmente conseguimos becas para ir el año siguiente a Francia; pero eran becas para pobres, de esas que solo daban alojamiento en la ciudad universitaria (en nuestro caso en Nancy, al este de Paris, cerca de Alemania) y nada más.
Con todas esas perspectivas en mano, el verano del 67-68, invité a Liliana a visitar Chile, país en el cual -y esto a pesar de la creencia popular- yo había nacido. En efecto, yo era chileno, pero mi familia emigró a la Argentina en 1962 y, luego de algunos años y gracias a las favorables políticas de emigración, obtuvimos la nacionalidad argentina, convirtiéndome así en uno de los primeros ciudadanos con doble nacionalidad, cosa que con el paso del tiempo y las circunstancias, se ha convertido en una práctica generalizada. Yo me adapté rápidamente a la cultura local y así fue que, llegando de vuelta a Chile, todo el mundo me consideró argentino dándome el apodo de « Che » Rodríguez.
En una de esas calurosas tarde de Enero, fuimos a visitar la recientemente creada Facultad de Ciencias, solo para conocer que estaban haciendo. Ahí, mientras recorríamos el edificio, nos « encontró » Sergio Aburto, entonces Director del Departamento de Física, quien no solo nos mostró con orgullo su Facultad (Ciencias antes era parte de la Facultad de Ingeniería) sino que de sopetón nos dijo: »Y porque no se vienen a estudiar a Chile? Yo les consigo una beca del lote de becas Fulbright que esa fundación puso a disposición de esta Facultad ! ». Ese era el espíritu y la acogida que Chile le brindaba a los extranjeros en el año 1968. Y si, un Chile difícil de reconocer ahora, me imagino.

Nos instalamos en Santiago, en una pensión de estudiantes, como correspondía en esos tiempos, y estudiamos en la Facultad de Ciencias durante dos años, yo con el compromiso de trabajar en el acelerador de partículas o Ciclotrón, que la facultad había heredado de la fundación Ford en los EE.UU. Esa era una de las condiciones de la beca. Fueron dos años de nuevas experiencias en un país lleno de cosas buenas: gente amable y acogedora, vida tranquila y fácil, ricos mariscos y buen vino…Argentino.
Ya en los años 68 y 69, y como preámbulo a esto que vendría posteriormente, comenzamos a conocer, en tanto estudiantes universitarios, los problemas reales que vivía el país en ese momento: la pobreza, la desigualdad y la terrible hegemonía que las clases poderosas ejercían sobre el resto del pueblo. En este proceso, nuestra « conciencia política » se fue desarrollando, en la medida que fuimos sacados del aislamiento de nuestra vida de estudiantes de Ciencias para involucrarnos en actividades tales como llevar asistencia a poblaciones marginales o « callampas » localizadas alrededor de la facultad. Recuerdo un invierno particularmente lluvioso en el cual, dando asistencia a una población de estas (cuyo nombre no me acuerdo), vi morir a un niño de hambre y de frío, acontecimiento que cambió definitivamente mi pensamiento acerca de lo que tendría que hacer profesionalmente en mi vida.
Eso se transformó en una « crisis vocacional » que discutí con Liliana, quien me dijo: « si quieres puedes buscar lo que quieres hacer, pero como eso significaría perder la beca, solo te pido que estés absolutamente seguro de lo que quieres hacer en el futuro ». Entonces me puse seriamente a « buscar mi verdadera vocación »: En el campus Pedagógico, que en ese entonces había incorporado varias otras carreras, tomé cursos de economía, historia, geografía, filosofía y biología (al mismo tiempo que seguía con mis cursos en Ciencias), pero sin encontrar una real vocación. Solo sabía que lo que buscaba era una relación más estrecha con la sociedad y la capacidad de hacer de esta un lugar mejor, sin necesariamente entrar en política.
Hasta que un día, en medio de las protestas de otoño, donde el Pedagógico se movilizaba y salía a la calle a pelear contra la policía, los « pacos », durante el descanso de mediodía, le pregunto al compañero que estaba a mi lado y con quien habíamos combatido toda la mañana contra los pacos : « Y tú quién eres y qué estudias? ». Era Fernando (Nano) Plaza y me dijo que estudiaba Arqueología. Ante su asombro le pregunté qué era eso y él me dijo que era una parte de la Antropología y que estudiaba al Hombre de manera integral. Solo el oír eso me dijo algo y le pedí más información.
Como producto de esa conversación, me inscribí en un par de cursos: uno de Antropología Física con Juan Munizaga y otro de Arqueología no me acuerdo con quién. Al final de ese ciclo, de lidiar con huesos de verdad y lograr saber todo lo que se puede saber de un montón de huesos viejos (edad, sexo, número de hijos y qué pensaba sobre la vida), me di cuenta que era eso lo que me llamaba; no específicamente la Antropología Física sino una ciencia que me diera una noción « holística » del ser humano. Tal vez sería esa disciplina la que me permitiría hacer algo más por la humanidad, más que solamente lo que me indicaban las teorías políticas de la época.
Hablé con mi esposa, quien no solamente comprendió, sino que me dio todo su apoyo para cambiar de carrera, a pesar de haber perdido la beca y tener que buscar nuevas formas para vivir en esos tiempos de estudiante.
Y así fue como comencé con gran entusiasmo a estudiar arqueología, o como diría mi padre, cuando se enteró: »arqueolo, qué?!!»
Fueron años de gran provecho. Fue con un grupo de compañeros como Nano Plaza, Vicky Castro, Carlos Urrejola, Pepe (José) Berenguer, Ángela Jeria, Iván Solimano, Julia Monleón, Sergio Martinic y muchos más, cuyos nombres ya se perdieron en la noche de los recuerdos, con quienes encontramos un entusiasmo por desarrollar una ciencia que en Chile era prácticamente desconocida. Más aun, en esos tiempos de cambios parecía tal vez un poco como un ejercicio fútil y superficial, frente a los problemas « reales » que vivía el país. Y, sin embargo, nosotros queríamos
creer que estábamos contribuyendo al tiempo presente para dar respuestas más certeras a lo debería
ser nuestro futuro como pueblo y nación.
Nunca me olvidaré de una conversación, en el transcurso de una clase con Mario Orellana, aun
solamente un profesor, quien, con gran vehemencia nos explicó el porqué investigar el pasado podía
tener tal relevancia para conocer mejor nuestro presente y así poder modelar lo que podría ser nuestro
futuro. Nunca un argumento me llamó más la atención que ese…porque eso era precisamente lo
que deseábamos conseguir: modelar el futuro como un continuum de lo que hubiese sido nuestro
pasado. De alguna manera eso respondía al concepto de historia que pregonaba el marxismo de
aquella época, pero que se perdía en una práctica muchas veces apresurada e irracional.
Esos fueron los « años felices » para mí, porque, no estando aún totalmente sumergido en el
marasmo político-ideológico creado luego por la ascensión al poder de un gobierno socialista
democráticamente elegido, podíamos discutir posiciones y teorías sin que eso significara tomar
partido alguno en algún movimiento político. Éramos intelectuales y científicos sociales de verdad !!
El advenimiento del gobierno de la Unidad Popular tuvo un gran impacto en todos nosotros.
No solo fue para los de « izquierda » la consagración de las ideas avanzadas por esa ideología, sino
también fue, de alguna manera, una « revancha » de todos aquellos que, luego de haber pasado años
en la oposición, finalmente eran gobierno, eran « los dueños de la situación ». Solo nos llevó tres
años entender cuán equivocados estábamos.
En nuestro modesto universo, eso se transformó inicialmente en una muy interesante y positiva
actitud: los estudiantes de « izquierda » tomaron tan seriamente la misión de « evangelizar » al
resto de la comunidad científica, que comenzamos a reunirnos a estudiar, no solo lo que habíamos
recibido en cursos magistrales, sino que a avanzar en los temas tratados con el fin de poder discutir
y eventualmente « convencer » al profesor(a) sobre lo bien fundado de nuestra posición, basada en
teorías marxistas. Increíblemente, estudiábamos como locos…día y noche, en casa de Ángela Jeria,
hasta que llegaba el General Alberto Bachelet y con la presencia alternativa de Michelle, la hija
adolescente. También nos reuníamos en mi casa (ya que en ese tiempo habíamos comprado un
parcela en La Reina alta) y en la de otros compañeros de cuyos nombres no logro acordarme.
Estudiábamos poseídos por esa pasión durante el año académico y luego, en el verano, salíamos
a terreno o, en nuestro caso, íbamos a Buenos Aires a trabajar para ganar el dinero que nos permitía
sobrevivir durante el año académico siguiente.
Y así fue como me convertí en « Arqueólogo/Antropólogo », con viajes a terreno de los
cuales solo me acuerdo de unos pocos. Uno de ellos, y me perdonaran el orden, pero creo que
fue el primer viaje, a la región de Turi, con Mario Orellana como Jefe de Misión (excúsenme el
vocabulario, tomado del mundo del desarrollo). Fue una experiencia increíble, ver como todas
esas teorías estudiadas en clase, se materializaban en esas vegas, en esas chozas, en esos campos,
en esas montañas de donde extraíamos « evidencia », sin saber siquiera si todo eso nos permitiría
construir una teoría válida. Fue ahí donde entendí que las ciencias sociales y las ciencias llamadas
exactas, coincidían totalmente en sus métodos, procesos y conclusiones. Ahí me sentí realmente un
científico.
Viajes memorable:
– Viaje a la zona de Turi y al valle del alto Loa con Nano Plaza y Pepe Berenguer en la citroneta
de este último; 2.000 km a 80 km/hora casi sin parar. Y luego, interminables excursiones a
pie por ese valle para documentar sitios que luego fueron presentados en nuestra primera
publicación.
– Viaje a Turi y Ayquina con el Departamento (no me acuerdo quién era el Jefe de Misión, tal
vez Carlos Urrejola) y unos amigos de Brasil que vinieron a buscarme y me « secuestraron »
para regresar con ellos a Santiago en un VW con una hermosa música de Mozart durante todo el trayecto.

Un viaje a Toconce (a 3.500 msnm), donde una tormenta eléctrica nos encontró subiendo al pueblo y de la cual nos salvamos por milagro.

Un viaje al valle de Copiapó, del cual regresamos en el Land Rover de Iván Solimano, al que se le había caído la caja de cambios, tocándonos a nosotros sostener la dichosa caja con cuerdas, hasta llegar a Santiago.

El viaje con Hans Niemeyer al valle de Copiapó, donde Hans, al atardecer, miraba al cielo para ver la primera estrella que haría la diferencia entre el día y la noche, ya que le había prometido a su mujer no tomar de día sino solamente de noche.

Mi único viaje al sur de Chile, al interior de Temuco, con Julia Monleón, nuestra compañera Española y creo que con Bernardo Berdichewsky como Jefe de Misión, a conocer la cultura Araucana desde un punto de vista arqueológico y antropológico; y las interminables charlas con Julia sobre la Guerra Civil Española y el rol de su familia en ella.
El terreno era maravilloso, no solo por las aventuras sino por las vivencias, o más bien, por la convivencia con los herederos de esas culturas, de cuyos antepasados estábamos excavando las tumbas, las viviendas y tratando de conocer sus « modos de producción », para ser coherentes con las teorías que nos animaban en esa época.
Otra experiencia memorable para mí fue el Primer Congreso del Hombre Andino, congreso que se llevó a cabo en tres sedes consecutivas: Antofagasta, Iquique y Arica, con todos los participantes desplazándose de una a otra sede para seguir participando en el evento. Si la memoria no me falla, ahí fue donde Pepe, Nano y yo dimos nuestra primera ponencia sobre el trabajo que hiciéramos en el valle del rio Loa Superior (1972-73). La presentación fue buena gracias a los « tacos » de pisco tomados para darnos coraje y enfrentar a la audiencia.
Pero entonces llegó el golpe y todo cambió. Afortunadamente, nosotros no estábamos en Chile para el 11 de Septiembre de 1973. Estábamos en Buenos Aires porque habíamos ido a participar y celebrar el nacimiento de nuestro primer sobrino, el hijo primogénito de la hermana de Liliana quien nació el 7 de Septiembre. Y eso fue lo que nos salvó, ya que a los tres días del golpe recibí una llamada de una amiga en Santiago diciendo que no regresásemos ya que el ejército había estado ya en la parcela preguntando por nosotros. Y de alguna manera tenían razón; en esa época yo era secretario del Centro de Alumnos de nuestro Departamento, representado al partido socialista. Pero en realidad la denuncia fue hecha por nuestros vecinos, ya que éramos extranjeros, y por lo tanto, sospechosos de ser « comunistas ».
Esa llamada telefónica no solo nos salvó la vida sino que el golpe cambió radicalmente nuestra vida, hasta el día de hoy.
Era claro que no podíamos regresar, pero a lo que sí me negaba era a perder todo lo que había conseguido hasta ese momento. Antes de partir a Buenos Aires, yo había terminado de aprobar todos los cursos de mi Licenciatura en Arqueología, pero no tenía un solo certificado en mi poder. O sea, que en ese momento yo no era nada.
Me armé de paciencia y esperé a que la situación se estabilizara. Sabía que el nuevo régimen había nombrado a un capitán de la Armada como decano del Pedagógico y que este había dado un plazo muy corto para que los alumnos se reintegraran. Los que no lo hicieron, pasaron inmediatamente a ser parte de la lista de « gente sospechosa », ya que se suponía que, por alguna razón no se habían presentado.
Luego de algunos meses, y decidido a no perder lo conseguido con tanto esfuerzo, me armé de coraje, me corté el pelo, me vestí como un ejecutivo, con maletín « James Bond » incluido, y con una carta de la empresa de mi padre diciendo que había estado trabajando para él y por eso no me
había presentado, me fui a Chile y pedí audiencia directamente con el decano.
Curiosamente, al verme tan bien vestido y con la carta de mi padre en la mano, me dijo
textualmente: »Usted se ve que es una persona decente, así que no se haga problema». Acto
seguido escribió una nota al Director del Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología
pidiendo que me reintegrara, cosa que Mario Orellana, su recientemente nombrado director, hizo
sin comentar nada.
Aproveché esa « ventana de oportunidad » para obtener todos mis certificados de cursos y así
pasar al estatus de graduado, identificar un tema para mi tesis de licenciatura y conseguir un profesor
que me quisiera apadrinar. El tema fue Pepe Berenguer quien me lo sugirió: »Por qué no haces algo
sobre metalurgia precolombina. Es un tema poco estudiado y fácil de hacer ya que con tu pasado
estudiando física, te será más fácil abordar los elementos técnicos del tema ». Y así fue como mi
querido amigo y compañero definió lo que sería una importante parte de mi vida futura.
Conseguir profesor fue otro tema. Nadie se quería involucrar, ya que se sabía que yo estaba ahí
de milagro, aunque nadie quería averiguar cuál había sido el santo. Yo había venido preparado con
una estrategia para esa situación: En Buenos Aires llegué a un acuerdo con Alberto Rex González,
reconocido arqueólogo, que si la U de Chile me autorizaba a hacer un trabajo en Argentina, él sería
mi director de tesis, pero que si no, podría usar su nombre como garantía que haría un trabajo con
su supervisión mientras estuviera en Argentina. Con ese argumento conseguí convencer a Hans
Niemeyer, catedrático fuera de toda sospecha ideológica, para que fuera mi director oficial de tesis.
El accedió bajo la condición de no escribir nada sobre marxismo ni utilizar la palabra dialéctica en
mi trabajo de investigación.
Con todos esos compromisos logrados, partí de regreso a la Argentina y me instalé en Cachi,
Salta, pequeña ciudad en los Valles Calchaquíes, a trabajar con Heather Lechtman, reconocida
experta en metalurgia precolombina del MIT, a quien había conocido a través de John Murra, el
prestigiado arqueólogo Americanista, en una de sus visitas a Chile. Con Heather excavamos varios
sitios de producción metalúrgica en la zona. La parte chilena la hice en viajes a la región de San
Pedro de Atacama y Ayquina, para también trabajar algunos sitios, aunque sin contactar a nadie, salvo
al padre Le Paige y a su colega George Serracino, no fuera que mi suerte hubiese cambiado, y me
estuvieran buscando.
Pasaron dos años hasta que terminé mi tesis, la que fue leída y revisada con la minuciosidad que
caracterizaba al trabajo de don Hans, quien finalmente me aprobó y me dio fecha para la defensa de
la misma en Santiago. La ceremonia fue muy formal, con un panel presidido por Mario Orellana,
con muchas preguntas y una deliberación final del panel examinador. Al regresar de su deliberación,
don Mario me anuncia que mi tesis había sido aprobada y que tenía el placer de acogerme como el
primer Licenciado en Arqueología del Departamento. Sin embargo, a reglón seguido, me dice : »Lo
que sí debo decirle es que ni se le ocurra quedarse a trabajar en Chile ». Mi respuesta fue clara y
breve : »No se preocupe don Mario, mi avión para Buenos Aires sale en tres horas ».
Así fue que el 29 de agosto de 1975, salí con mi título de arqueólogo, el primero recibido en
ese Departamento, a recorrer el mundo. Hubo festejo por parte de mis camaradas, pero en tres
« citronetas » que me acompañaron al aeropuerto abriendo botellas de champaña con Pepe, Nano,
Julia Monleón, Vicky Castro (a quien le vendería posteriormente mi parcela de La Reina) y más
compañeros de cuyos nombres no me acuerdo.
Ahí terminó mi historia chilena. Mi nombre fue rápidamente olvidado, tal vez borrado, y mi
tesis se perdió en la noche de los tiempos. Yo seguí adelante con mi carrera. Parte de mi tesis fue
presentada en un Simposio Europeo de Antropología en Bonn (1984), las excavaciones con Heather
Lechtman en un Congreso de Metalurgia Andina en Dumbarton Oaks (la sede de la Universidad
de Harvard en Washington DC) en 1982 y mi tesis de doctorado realizada en la Ecole Pratique
de Hautes Etudes en Sciences Sociales, de la Universidad de París, bajo los auspicios de Nathan
Wachtel y Maurice Godelier, cumplió mi sueño: Sobre todo lo trabajado en esa zona andina entre el norte de Chile y el Noroeste Argentino, conseguí realizar un estudio longitudinal sobre cómo la producción metalúrgica, en pequeña escala, había conseguido preservar sus patrones productivos desde la época precolombina hasta el día de hoy, conservando una « racionalidad económica » propia de la zona andina, en la cual el altiplano era la gran carretera de circulación, de la cual se desprendían rutas que iban hacia ambos lados (Chile y Argentina actuales). De esta manera, de arqueólogo puro me transformé en antropólogo social y economista, que fue la otra maestría que obtuve en París. Nada de eso es conocido en Chile, ya que nunca ni uno de mis trabajos en metalurgia precolombina llegó por allá.
A Chile nunca más regresé, salvo pequeñas visitas para enterrar a mi abuela, a una tía y finalmente a mi madre. Sin embargo, hoy en día, 40 años después, con mis nacionalidades actuales -americano y francés- y con 30 años como experto en desarrollo, todavía recuerdo esos tiempos como « los años felices », donde sólidamente armados con entusiasmo, coraje, tenacidad, esperanza e ilusiones, estábamos dispuestos a conquistar el mundo y, tal vez, nuestra felicidad.
Lusaka, Zambia, Junio 2014

1 Consultor Independiente Experto en Desarrollo Educativo. E-mail: Lrodri948@aol.com
Boletín de la Sociedad Chilena de Arqueología
Número 43/44, 2014, páginas 73-78

Recuerdos de un alumno de arqueología perteneciente a la generación de 1971

Recuerdos de un alumno de arqueología
perteneciente a la generación de 1971

http://www.scha.cl/images/archivos/Boletin_SChA_43-44.pdf

Dedico estás páginas a la Dra. Grete Mostny, quién despertó en mi un profundo interés por conocer la historia de la humanidad y sus proyecciones.

Un día de marzo de 1971, Andrés Pinto y yo nos encontramos en los prados del Pedagógico y comentamos que se había formado recién el Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología en la Universidad de Chile. Era el heredero del anterior Centro de Estudios Antropológicos, surgido al alero del Departamento de Historia. El nuevo departamento partía con la licenciatura en Arqueología en su plan antiguo. Con Andrés éramos compañeros de estudio en el departamento de Historia, cursando el segundo año la carrera de pedagogía y coincidimos en la decisión de querer cambiarnos a la licenciatura en Arqueología. El futuro laboral parecía muy lejano e incierto para un posible arqueólogo, pero nos dijimos que estábamos dispuestos a correr el riesgo, dado que sentíamos un fuerte llamado vocacional.
Pedimos el traslado a la carrera de Arqueología e iniciamos el primer año, creo que en el mes de abril. Nuestros compañeros tenían distintas edades y procedencia, algunos incluso ya habían terminado una carrera universitaria, pero pronto formamos un grupo bastante unido. Constituimos el primer curso oficial del Departamento. ¿Quiénes éramos?: Blanca Tagle, Raúl Cid, Carlos Aldunate, Rubén Stehberg, María Teresa Planella, Ximena Navarro, Antonia Benavente, Patricio Urquieta, Carlos Maturana, Susana Legradí, Ana María Barón, Rosa Peña, Rodolfo Weisner, Alejandro Durán,Javier* (no recuerdo su apellido y más tarde dejó la carrera), Andrés Pinto y yo. En algunos cursos fuimos también compañeros con Iván Solimano.

JDC Día DD DD 2011
Nuestros referentes eran los alumnos avanzados. Algunos de ellos ya estaban próximos a terminar la carrera porque habían iniciado a tomar cursos de Arqueología y Antropología unos años antes en el Centro de Estudios Antropológicos o en otras unidades del Departamento de Historia (Victoria
Castro, Carlos Thomas, Carlos Urrejola, Julia Monleón, Silvia Quevedo, Luis Rodríguez, José Berenguer, Consuelo Valdés, Fernanda Falabella, Ángela Jeria, Fernando Plaza, Adriana Goñi, Marcela Lama, Jaqueline Madrid, Josefina Muñoz, entre otros) Algunos de ellos ya eran ayudantes y los mirábamos con respeto. Con Pepe Berenguer, Ángela Jeria y Nano Plaza alcanzamos a ser compañeros en algunos cursos. Fernanda Falabella, que también había pasado un tiempo en el departamento de Historia y en el Centro de Estudios Antropológicos, después de una permanencia en el extranjero se incorporó a nuestro Departamento de Ciencias Antropológicas en 1972 y fuimos compañeros en un buen número de cursos.
En 1971, algunos de nosotros comenzamos a frecuentar la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural. Un día le manifesté a mi profesora, la doctora Grete Mostny, el interés que sentía por asistir a leer y a conocer las colecciones arqueológicas del Museo. La doctora Mostny me recomendó a don Julio Montané, quién me recibió muy cordialmente. Me presentó a Eliana Durán, con quien compartiríamos después varios años de grato trabajo conjunto, en torno al estudio de la cultura Aconcagua. Conocí también a Julie Palma, Patricio Núñez, Marcelo Garretón y Nieves Acevedo. De inmediato me dejó como pupilo de Julie que me guio con dedicación en los primeros pasos por las colecciones del Museo. Como primera actividad me llevó a ver la antigua sala de Prehistoria de Chile, en el segundo piso. La primera vitrina que conocí fue la de Cueva de Fell, con la secuencia cultural de 11.000 años, establecida por Junius Bird. Fue como una premonición, que años después me llevaría a seguir sus huellas en la Patagonia austral.
Durante los días sábado escuchábamos con atención en el Museo las amenas tertulias de Julio Montané, con Hans Niemeyer, Virgilio Schiappacasse y Felipe Bate, sobre los más variados temasantropológicos. Don Julio era el anfitrión y entre sus temas favoritos estaba el del rol social de la arqueología, pero además paseaba su sabiduría por muchos temas de arqueología americana, demostrando que era también un gran lector. Aprendimos mucho de esas tertulias.
Mientras tanto, el plan antiguo de Arqueología, en la Universidad, comenzó con cursos de duración anual, pero el Director del departamento, don Mario Orellana, nos informó a poco andar que se estaba estudiando la necesidad de impulsar un plan nuevo de estudio a partir de 1972, con una
licenciatura que contaría con un plan básico inicial y dos menciones, en Arqueología y en Antropología Social. Los cursos serían de modalidad semestral. Los alumnos del plan antiguo, “nosotros”, que todavía nos sentíamos unos pollos nuevos, podríamos adecuarnos al nuevo sistema.
Con el trascurso de los meses la situación política del país se iba polarizando progresivamente y en ese contexto el Instituto Pedagógico, centro pensante y crítico por naturaleza, vio aumentar la temperatura y los enfrentamientos verbales, entre distintas tendencias de opinión.
En ese ambiente, los estudiantes del departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueológicas nos tomamos el departamento por varios días, solicitando una discusión abierta sobre el rol de la Antropología en Chile y la discusión de la futura orientación que debería tener el nuevo plan de estudio. Eso creo que ocurrió en la segunda mitad de 1971. El director, Mario Orellana, de personalidad fuerte, aceptó el desafío y en su calidad de director del Departamento convocó a una convención para discutir múltiples temas.
La convención duró una semana o un poco más, período en que sesionamos a puertas cerradas. Profesores y alumnos confrontamos ideas, con fuerza pero con total respeto y con un elevado sentido académico. Para nosotros fue una experiencia enriquecedora. Se discutió si la Arqueología debía ser considerada parte de la Antropología, o parte de la Historia, o una ciencia independiente. Cual debía ser el rol social de la Antropología en una sociedad que estaba viviendo un profundo cambio revolucionario. Se habló de la arqueología versus la arqueografía, de la relación entre las ciencias humanas y las ciencias naturales; de los nuevos planes de estudio y su orientación.
Bernardo Berdichewsky, Mario Orellana, Carlos Munizaga, Alberto Medina (mi querido profesor de tesis, años después), Juan Munizaga, Hans Niemeyer, George Serracino y otros profesores daban su opinión, discutían algunos puntos entre sí y respondían a las preguntas incisivas de nuestros dos representantes estudiantiles más locuaces: Roberto Flores, el presidente del Centro de Alumnos (que venía del departamento de Historia, donde seguía estudiando en forma paralela pedagogía) y Luis Rodríguez, el Che Rodríguez (el primer alumno titulado del departamento, más adelante). Ellos eran nuestros teóricos para hacer frente a los profesores. Los demás escuchábamos con bastante timidez pero con mucha atención esas largas y enriquecedoras
sesiones, donde aprendimos mucho. Pese al fragor de los discursos se podían confrontar ideas con alturas de mira, en un verdadero ejercicio democrático.
1971 fue también el año del VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, que se realizó en la Casa Central de la Universidad de Chile, Santiago. Fue un Congreso muy polémico, donde las banderas políticas de distintos colores se agitaron durante las ponencias y las discusiones. También se criticaron los respaldos teóricos y metodológicos de ciertos trabajos expuestos. Pero finalmente fue nuestra primera experiencia como alumnos oyentes, que asistíamos a la presentación de ponencias en un congreso de Arqueología. Allí conocimos además a destacados arqueólogos de países vecinos como Luis Guillermo Lumbreras, Juan Schobinger y Carlos Ponce Sanginés y al etnohistoriador John Murra. Recuerdo que tanto Lumbreras como Murra desplegaban un fuerte magnetismo al hablar, que cautivaba a la audiencia.
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Mencionaré dos pequeñas anécdotas para graficar el ambiente que se vivía ya al año siguiente, año 1972, habiéndose implementado el nuevo plan de estudios, con alumnos de arqueología y los que optarían por la especialidad de Antropología Social, ya incorporados.
Mario Orellana decidió dictar un seminario voluntario los días sábado en la mañana en el Departamento de Antropología, sobre el pensamiento de Teilhard de Chardin (El Departamento ocupaba en ese tiempo la casa que hoy corresponde al cuerpo de bomberos, situado frente al Pedagógico). A la misma hora, Felipe Bate impartía al frente, en el Pedagógico, un curso voluntario sobre Materialismo Histórico. Algunos compañeros iban al seminario de Teilhard de Chardin, otros asistíamos al curso de Materialismo Histórico. Evidentemente, el día lunes en clase de Teoría y Método las diferentes visiones teóricas generaban discrepancias.
Otra imagen. En el Departamento (que en algún momento pasó a llamarse Departamento de Antropología), se formó un núcleo de jóvenes socialistas, constituido por Roberto Flores, su dirigente, Adriana Goñi, Marcela Lama y yo. Éramos cuatro y hacíamos lo que podíamos para expresar nuestras ideas políticas. Sin embargo, en forma paralela se creó un pequeño
núcleo más rupturista, de características muy especiales. No recuerdo el nombre del núcleo. Pero estaba conformado por Juan Carlos Skewes, su polola y una amiga. Eran solo tres, pero su presencia en el departamento marcó época. Juan Carlos, era su líder. Muy pronto instalaron un diario mural que actualizaban casi todos los días con información novedosa; reflexiones e ideas críticas sobre distintos temas sociales y culturales, para hacer pensar. Su contenido siempre era muy llamativo, y todos nos acercábamos a leerlo. Pese a las diferencias políticas, que no eran tan abismales, nos hicimos muy amigos con Juan Carlos Skewes, una persona muy valiosa y creativa y terminamos compartiendo en el café Los Cisnes y posteriormente, cuando trabajamos en un proyecto sobre el impacto de la sequía en el Norte Chico, dirigido por don Juan Munizaga, invitamos a Juan Carlos y participó con nosotros en un terreno realizado en el sector de San Lorenzo al norte de Ovalle.

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Este era el ambiente que se vivía por esos años en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile. Del Departamento de Historia y Geografía, traíamos la práctica del “pastoreo”, la alegría de los prados del Pedagógico (que habían acogido a largas generaciones de destacados pensadores, investigadores y pedagogos). Traíamos los aires renovados como consecuencia de la Reforma Universitaria de los años precedentes, la “revolución de las flores” y sus consecuencias, los cambios en la música, el movimiento literario latinoamericano que lo situaban como un gran movimiento cultural para mostrar y soñar la América mestiza. Algunos también traíamos el sueño socialista para un Chile más igualitario, por lo que considerábamos eran necesarios cambios profundos.
Pero también traíamos la visión de los historiadores, la percepción de la Paideia que sintetizaba los ideales de los antiguos griegos, la rigurosidad en el análisis crítico de las fuentes documentales, de profesores como Genaro Godoy, Sergio Villalobos y otros. La geografía humana, la geografía física, la geomorfología, constituían nuestras fuentes para acercarnos al conocimiento del paisaje, con profesores como Pedro Cunill, Eusebio Flores, Rómulo Santana, Reinaldo Börgel y José Araya. Las reflexiones filosóficas de Humberto Giannini y de Armando Cassigoli también nos habían impregnado.
En el departamento de Antropología incorporamos la visión antropológica con don Carlos Munizaga y Juan Munizaga. Grete Mostny, Mario Orellana, Bernardo Berdichewsky, Alberto Medina, Hans Niemeyer y George Serracino, entre otros, nos enseñaron sobre prehistoria y arqueología. Osvaldo Silva nos mostró la perspectiva de la ecología cultural.
En síntesis, aprendimos de todos ellos que los contextos arqueológicos encierran complejos y variados códigos que permiten reconocer y reconstruir los procesos sociales en su dimensión histórica, antropológica y ambiental. Empezábamos a preguntarnos por tanto como conciliar de la mejor forma estas dimensiones, como parte de una comprensión integral, sin perder el foco de lo arqueológico.
Pero entre los años 1972 y 1973 nuestra sociedad terminó por polarizarse hasta el extremo más peligroso y esa polarización permeó también a la Universidad. Como sabemos, por la dura experiencia vivida a partir del 11 de septiembre de 1973, las cosas cambiaron para todos. Terminamos nuestra carrera y nuestra tesis durante los años de penumbra…y cuando despertamos nuevamente a la democracia, después de 17 años de dictadura, Chile ya era otro Chile, el Instituto Pedagógico había sido duramente golpeado y ya no pertenecía a la Universidad de Chile, y la arqueología de los tiempos más poéticos, la que nos habían enseñado varios de nuestros profesores, con su vocación templada por los años, estaba cambiando hacia una arqueología más pragmática, y más compleja, más acorde con el mundo actual.
Mauricio Massone
Concepción 14 de noviembre, 2013.

Mis Recuerdos de Esa Epoca Trenzados con los de Mauricio 

Adriana Goñi, Lic. Antropología/arqueología U de Ch.

Alguna vez escribí mi perfil en Linkedin, donde expuse mi historia desde que inicié la larga marcha en la profesión :

Anoté los siguiente:” Lic. en antropología/arqueología de la Universidad de Chile, donde ingresé en 1970, al Departamento de Historia (Pedagógico),mientras trabajaba como asistente ad honorem en la Sección Arqueología del MNHN,cuyo jefe,don Julio Montané Martí acogía a estudiantes,aficionados,científicos,académicos sin distinción alguna, haciéndonos partícipe de sus trabajos en terreno, las reflexiones,debates e intercambios de experiencias y saberes con una amistad cómplice que se perpetúa hasta el hoy.

La directora del MNHN de entonces, Dra Grete Mostny, me empuja a ingresar a la universidad y formalizar mis prácticas y experiencias.

Desde los turbulentos años setenta hasta los transicionales años noventa,fui alumna de la UCH.

Viajes,terrenos,escritos,aulas,colectivos,talleres,seminarios después me posicionan en el Siglo XXI en la antropología Virtual,donde habita el sujeto de mis investigaciones, así como
el universo social,cultural e histórico en el que estoy inmersa.

Más allá de fronteras,generaciones,ideologías y géneros, en un proyecto sin fin de nuevos paradigmas.

Especialidades: Etnografía de la Realidad Virtual
Migraciones Forzadas-comunidades Diasporicas – migraciones Latinoamericanas
Segunda y Tercera Generación de descendientes de personas afectadas por los DD HH en el Cono Sur
Diversidad-Identidad-
Memoria en la Web:
Asesoría en producción cine y documentales temática recuperación de memoria Histórica y Memoria Colectiva Cono Sur de latinoamérica.”

Fui arqueóloga hasta que los muchos años y el Colegio de Arqueólogos me marginó, dado que mi decisión de no realizar una tesis en arqueología – ya en 1993 sabía que la etnografía y la antropología serían mi quehacer- me dejó sin el título profesional, y los licenciados, al menos hasta hace un tiempo, no  eran considerados arqueólogos.

Desde el año 1969, cuando la doctora Mostny me aclara que mi intención de ingresar a la carrera de Museología, que se dictaba en el MNHN no correspondía a lo que le expresaba como mi objetivo y mi vocación – y me aconseja que termine la educación secundaria, de la prueba de Aptitud e ingrese a la carera de Arqueología- lo que cumplí, ingresando al Departamento de Historia y Geografía de la Universdad de Chile.

En mi caso, la doctora Mostny fue fundamental al orientar a esta veinteañera, con cuatro hijos, hacia un camino que recorro hasta este nuevo siglo.

La política gremial de dar a los que tenemos el grado de Licenciados en Antropología con mención en Arqueología una calidad de “miembros honorarios” y no de arqueólogos, a pesar de una trayectoria en la profesión de décadas, participando en los proyectos más significativos en la historia del país y con los más destacados profesionales chilenos y del mundo (Julio Montané en San Vicente de Tagua Tagua, Tom Dillehey en Monte Verde, William Mulloy en Isla de Pascua,Lautaro Nuñez en Caleta Huelén, en el Loa,Patricio Nuñez en el distrito Tahai, Rapa Nui, don Alberto Medina en La Chimba, Carlos Ocampo en todos sus proyectos hasta 1998  )

A partir de este nodo fundamental en mi vida académica y personal, cuando había cumplido los 24 años y mi hija , la menor de 4 se empinaba en los 2 años,inicié un camino por terrenos ásperos para una joven mujer, madre y arqueóloga, en tiempos en que las mujeres se quedaban en casa y en su horizonte limitado a tareas domésticas el escarbar huesos prehispánicos, piedras y trozos dispersos de cerámica en desiertos , pantanos e islas remotas no formaba parte de su imaginario.

Mi hija aprendió a caminar en las trincheras y cuadrículas de San Vicente de Tagua Tagua y mis tres hijos varones conocieron los cuatro puntos cardinales de Chile.

Los procesos histórico sociales que nuestro país experimentó a partir de 1973 nos llevó a mis hijos y a mí a un exilio donde fue posible conocer y aprender de antropólogos y arqueólogos transandinos, experticias y saberes indocumentados y no reconocidos en mi historia académica cuando después de cinco años retorné y reingresé a esa carrera y esa universidad que fue madrastra para tantos de nosotros.


* Javier Muñoz Fernandez, casado con Rosa Peña. Después del Golpe de Estado se cambió a la Universidad Católica, a la carrera de Pedagogía en Educación Básica. Ejerció como profesor de básica en el Colegio Tabancura por décadas. Rosa Peña, así mismo, se cambió a la PUC, a la carrera de educación diferencial.

70 años con mi memoria a cuestas.

70 AÑOS DE MEMORIA
Adriana Goñi
20 julio 2015

Vivir largos años es haber sido testigo y protagonista de cambios profundos en todos los aspectos de nuestras vidas. Es haber pasado de espacios privados y públicos donde nuestros derechos y libertades eran restringidos y escasos a vivir otros en que nuestras voces se expresan con la fuerza enorme de lo colectivo y es haber transitado desde lo doméstico a lo público modificándose los roles que la sociedad nos impuso un día a los roles que por opción hemos hecho nuestros.

NACÍ EN LO MÁS PROFUNDO DEL INVIERNO DE 1944, cuando  agonizaba en Europa  la II Guerra Mundial y en Chile gobernaba Juan Antonio Ríos, presidente cuyo nombre solo me suena a alguna calle de mi país.

Vista de la calle Juan Antonio Ríos, rodeada de edificios de departamentos, hacia 1960

Vista de la calle Juan Antonio R,1960.

Hoy no puedo usar mi apellido vasco porque de alguna manera me robaron la Ñ…
Gabriel González Videla, (cuando yo era una niñita de dos años, Papá,Mamá y yo. Feb 1946 (1 año 9 mesesmi padre que fue marino estudiaba derecho y era Secretario de la Juventud Conservadora y mi abuelo era, o iría a ser, General de la República ) se transforma en el presidente radical, que según aparece en textos de la librería del Congreso de estados Unidos incorporó a liberales en su gabinete, junto con los radicales y los comunistas, el brebaje ministerial más exótico que los chilenos habían visto en su vida, perseguía, encarcelaba y torturaba a los miembros del Partido Comunista de Chile.

Hoy veo en  TVN  a jovenes comunistas en la bancada parlamentaria ; veo homenajes en la CNN al desembarco en Normandía y recuerdos de los campos de concentración nazi en el History Channel   y a un presidente de USA de raza negra, cuando aún recuerdo a un Martin Luther King, un Malcom X asesinados…
Vi a mis 15 años a Fidel entrar triunfante en La Habana,

también lo vi en Washington ante el monumento a Lincoln.. y hoy aparece en las pantallas de TV como un abuelo sabio, flaco, sonriendo y reflexionando…y este 20 de julio se abre la Embajada de Cuba en USA…http://http://edition.cnn.com/videos/spanish/2015/07/20/cnnee-vo-cuba-flag-new-embassy-in-washington.cnn
Vi llegar al Hombre a la Luna, morir a seres humanos por VIH, viví la dictadura de Pinochet y la de Videla. Viví detención y exilio, fracturas familiares, perdí amigos, compañeros, profesores y colegas; renací mil veces y formé parte de cientos de comunidades, redes y colectivos.


Hoy veo en televisión morir cientos de personas en el Mediterráneo, veo en la TV por cable españoles añorando a Franco, veo Vietnam dividido en dos países, veo a Corea del Norte y otra del Sur y veo documentales que muestran países que cuando nací no existían .
Hoy converso con mi madre nonagenaria en las redes sociales y con mis nietos y nietas intercambiamos en línea vía whatsapp imágenes de gatos, tatuajes, memes y emoticones; hoy converso por Internet con amigas que viven en Nepal; con amigas mapuche en Holanda; hoy veo a los amigos de mi padre en la FIFA encarcelados; Juan Goñi S , Joao Havelange y Príncipe Faisal. 1978hoy padezco una enfermedad que solo se conoció en los años 90 y mi cuerpo es portador de placas de titanio…Fibromialgia, enfermedad invisible
Escucho hablar a un Papa argentino en Bolivia – un día supe que el Che moría allí en la guerrilla- y Bolivia aún no tiene acceso soberano al Mar…
Nació en mi tiempo de vida el MIR en Chile y a 50 años de su nacimiento – con sus militantes muertos y recordados solo por otros militantes – desapareció del imaginario colectivo de mi país después de haber abierto a miles de pobres del campo y la ciudad un camino diferente para tomar el cielo por asalto.

Memorial del MIR en Villa Grimaldi, 2008

Memorial del MIR en Villa Grimaldi, 2008

Yo que un día excavé en un sitio donde el hombre vivió hace 35.000 años,  Monte Verde, Chile, hoy investigo cómo se relacionan los seres humanos en la ciber sociedad y cómo las pantallas luminosas de distintos dispositivos condicionan nuestras vidas.

Logo dedo Dios y mecanicoo

Y asílo viví yo, y todo forma parte de la maravillosa experiencia de haber sido testigo presencial y  en ocasiones protagonista de  sucesos que cambiaron el mundo en los dos siglos que me vieron nacer, crecer, y envejecer .